Music for Feminism! Sheija Brigitte for Calala!

Written by Brigitte Vasallo. Posted in General, Queer, Sheija Brigitte

Sheija Brigitte por Tea Guarascio

(c) Tea Guarascio

Sheija Brigitte1 es la respuesta de Colectivo Cautivo al hartazgo vital de soportar el patriarcado. Como no sabemos hacer mucho más que sonar música y bailar, proponemos las sesiones”Zorras, brujas y marujas sonoras” para podernos bailar el sistema durante un rato. Como bien decían Ojos de Brujo, “no pa olvidarlo, sino pa llevarlo mejor”.

Pinchamos, pues, solo música hecha por mujeres, referentes en toda su amplitud: brujas, furcias, señoras respetables, madres, hijas, amantes y princesas. Zorras y víboras. Féminas, femeninas, en una sesión dedicada a todos los seres (hombres, mujeres, maricas, bollos, trans, floretas y marimach@s, indecis@s, variables y demás) que estén, como nosotrxs, hasta el mismísimo moño!

Os dejo una parte de una sesión realizada en el espacio Ca la Dona, de Barcelona, a favor de la fundación Calala Fondo de Mujeres. A bailarlo!

1: Sheija Brigitte es el alter ego de Brigitte Vasallo. Adopta el nombre de escena de Sheija como homenaje al “mal nombre” de las cabareteras argelinas a principios del s.XX. En recuerdo a todas las mujeres feroces y a todos los seres desgenerados y buenos que no tuvieron miedo de acompañarlas.

#MusicForFeminism – Calala Fondo de Mujeres by Sheija Brigitte on Mixcloud

Share

Las consecuencias del género binario: transexualidad vs. homosexualidad en Irán

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Transexualidad y homosexualidad en Irán

Por Vanessa Rivera

transexual-in-iranLes comparto un documental que nos relata la paradójica situación que se vive en Irán, un país de población musulmana chiíta, donde la transexualidad es legal en el Estado, pero no así la homosexualidad, que está castigada hasta con la pena de muerte.

La tasa de transexuales en Irán es 10 veces mayor que en Europa y es vista como el “mal menor” y la solución a la homosexualidad y el lesbianismo, aunque este último es más difícil de visibilizar en la mayoría de las sociedades con mayoría de población musulmana.

Si parece una contradicción que se persiga la homosexualidad y sean legales las operaciones de cambio de sexo, para el gobierno de Irán no lo es. La idea subyacente es que si un hombre gusta de otros hombres es porque es una mujer y viceversa. A esto se suma que muchos homosexuales se cambian de sexo a fin de no sufrir de ostracismo ni que les maten por ello. Lo de ejecutar los homosexuales normalmente se hace por falsas acusaciones a los disidentes.

El documental también revela que los prejuicios contra quienes no adhieren a los códigos hetero/andronormativos encuentran obstáculos similares en todas partes. También es interesante analizar el hecho de que cambiar el sexo a femenino, implica quedar bajo las reglas que limitan los derechos de las mujeres en los espacios públicos, por ejemplo.

 

Feminismo, Islam e Inclusión LGTB

Desde el Feminismo Islámico siempre ha existido apoyo y colaboración hacia nuestros hermanos y hermanas LGTB en su lucha por un Islam inclusivo. En mi opinión, la lucha por este Islam inclusivo no sólo es de los musulmanes y musulmanas LGTB, sino a favor y en colaboración de toda persona que se sienta excluida o rechace la prédica de discriminación tanto dentro del Islam como fuera de él. Ante Dios no existen seres humanos más legítimos que otros.

El Corán establece que Dios creó a la Humanidad (an-nisan) sin distinciones; no sacó a la mujer de la costilla del hombre ni tampoco establece categorías de validez entre los seres humanos por su identidad: “Lo único que diferencia a un musulmán de otro es su nivel de piedad”. El concepto mismo de la divinidad en el Islam es indefinido en este aspecto, ya que no tiene sexo ni género.

Al respecto, es invaluable lo que organizaciones como CALEM hacen a favor de la inclusión LGTB en el Islam y contra los discursos de odio por razones de género/orientación sexual. En el link a su página pueden descargarse las dos ediciones del Libro Verde por un Islam inclusivo. Al respecto, puedo mencionar también la apertura de una mezquita en Francia en la cual pueden asistir personas de toda orientación sexual sin necesidad de ocultarlo.

No estoy de acuerdo con las aproximaciones a la inclusión LGTB desde una perspectiva minoritaria y subalterna. El feminismo islámico, como todo tipo de feminismo, debe estar sujeto a una introspectiva constante con respecto al enfoque de inclusión.

Existe un discurso oficial androcéntrico y heteronormativo que genera discriminación y subalteridad. Reclamar la inclusión de las personas LGTB a partir de su “anormalidad” es aceptar dicha elaboración, así como la exclusión que genera, como válida. Son este tipo de concepciones las que configuran el marco simbólico que permite luego la violencia.

Basar la discusión sobre los derechos de los LGTB en el Islam al escrutinio de su existencia misma como personas, es un atropello hacia ell@s. La discriminación contra los LGTB y la Homo-TransFobia que origina, no es un problema basado en su orientación sexual, sino que es un problema social.

Respecto a las personas transexuales me preocupa el surgimiento de un nuevo enfoque feminista que los excluye de las luchas por la equidad de género, negándoles incluso su derecho a construirse como “mujeres”. Esta es la postura que asumió la organización del Encuentro Feminista realizado en Chile en noviembre de 2012, que no admitía hombres feministas, ni a nadie fuera del binomio mujer/vagina.

Algo similar fue reportado durante el desarrollo del Encuentro de Mujeres en Posadas, Argentina, que se define a sí mismo como una instancia de corte Feminista; sin embargo, asistentes denunciaron hechos de discriminación hacia las personas transexuales.

Lo último sobre este tópico es el RadFem2013, un evento que se realizará en Londres en junio de 2013 y que reúne a “feministas radicales” que sostienen, entre otras cosas, que los transexuales “no deben existir”. Según lo han denunciado grupos feministas y de activismo LGTB, sitios como Pretendbians, RadicalHub y GenderTrender, manejados por miembros de la organización de este evento, son usados como plataforma para promover un discurso de odio y el acoso online hacia los transexuales.

Blog de Vanessa Rivera: http://nasreenvrblog.wordpress.com

Share

El #poliamor como apuesta política

Written by Brigitte Vasallo. Posted in El poliamor como apuesta política

(Os dejo aquí el artículo sobre ruptura de la monogamia que publiqué en Pikara Magazine)

Escena I: poliamor vs. navaja

Youtube. Sobre fondo verde, Pj Harvey y Nick Cave. Camisas blancas, miradas oscuras y un video que reclama sexo a gritos: “Ven aquí, Henry Lee, y pasa la noche conmigo” canta ella, comiéndole los labios. PJ Harvey y Nick Cave en una noche de sudor, saliva y gemidos, ¿lo imagináis?… No lo imaginéis, pues mientras intercambian alientos y caricias, Cave se resiste alegando que su “verdadero” amor lo está espera en casa. La historia, buena es Pj Harvey, acaba fatal: con el protagonista masculino apuñalado, las amantes desquiciadas y nosotros frustrados. Fin de la canción. Se cierra el telón.

width70%

 

Escena II: poliamor vs. veneno
“¿Adónde vamos, señor? – preguntó el cochero.
- ¡Llévenos adonde mejor le parezca! – contestó León, al tiempo que empujaba a Emma dentro del coche”
Y esta frase y ese coche dan paso a las tres páginas más eróticamente alusivas de la literatura universal. Un carruaje que recorre París, que sube, baja, se encabrita, frena, gira, retoma el pulso, se calma de nuevo y que dentro, marcando los ritmos de una lectura absolutamente sexual y callejera, contiene la pasión de León y Emma. La eterna Madame Bovary y su amante.
La historia también acaba mal: adúltera y perpetuamente infeliz, Emma perecerá tras ingerir una dosis de veneno. Su marido, el bueno de Charles, morirá poco después. Drama total. Se cierra el telón.

Escena III: poliamor vs, fuego
En Nueva Delhi, dentro de una familia carcomida por relaciones sentimentales legales pero perversas, surge una historia de amor luminoso entre dos mujeres: Rahda y Sita. Fire, de Deepa Mehta, tiene todos los elementos del drama: homosexualidad, celos, envidias, amores imposibles a varias bandas, fuego y dolor. ¿El final? También tremendo. Lo que podría haber sido una hermosa familia de amores en red queda reducida a una serie de desgracias encadenadas. Llanto y aplausos. Se cierra el telón.

 

Las maravillas del amor exclusivo y su demonio, la infidelidad real o imaginada, sexual o emocional, física o cibernética son los temas preferidos de todos nuestros delirios, por muy distintas que sean las épocas, los ámbitos y las formas. Amar, sufrir y mentir, el famoso  mentir, follar, morir de Céline, parecen parte indivisible de la misma realidad. El amor eterno es el paraíso y su gran enemigo es la infidelidad, así que los cuernos claman la búsqueda de culpables. ¿Quién ha sido? La culpa puede recaer en la persona infiel, convertida de inmediato en una zorra/un cabrón y que merece castigo (la muerte o la muerte en vida que es la soledad y el rechazo); también en la persona cornuda que no ha sabido darle a su pareja “lo que necesita” y merece ser abandonada; o, mejor aún, en la tercera persona “que se ha metido por medio”, opción especialmente cómoda porque permite cargarse la pieza que menos duele y seguir adelante con la pareja sin apenas plantearse nada. Es decir, la culpa del dolor la tiene todo el mundo menos la monogamia misma: las miradas nunca apuntan hacia el sistema que queda así al margen del debate y de toda duda.

La monogamia es el único pacto social, junto con el patriotismo (la otra gran forma de monogamia) que es intocable, incuestionable. Hemos dejado de creer en dios, en el capital, en el patriarcado y en los telediarios. Nos hemos cargado la virginidad obligatoria, el matrimonio obligatorio y la heterosexualidad obligatoria. Nos hemos llenado la boca de libertades, indignaciones y asambleas, hemos formulado proyectos de mundos nuevos, de relaciones sociales, vecinales, culturales nuevas, pero al llegar a casa acabamos refugiadas en el esquema conocido de siempre: una cosa es ser liberal y otra cosa muy distinta es ser cornuda. Gritar contra el sistema está muy bien, pero poner tus sistemas emocionales, tus relaciones al frente mismo de la revolución… eso es un auténtico coñazo.

Pero el amor, esa palabra…

¿Por qué es tan difícil cuestionar la monogamia? Ya no decimos el matrimonio, superado por todo el mundo salvo peperos, gays y hipsters (qué curiosas coincidencias transculturales), pero la pareja cerrada, mirándose eternamente a los ojos y desinteresada del mundo entero, la unidad de felicidad incuestionable que es el dúo tiene una fortaleza teórica envidiable. Teórica, porque a la práctica, cualquier pareja monógama con una mínima duración se tiene que enfrentar a los grandes dilemas del modelo y que pueden ser, por ejemplo, que te enamores del vecino, que te enrolles con una amiga una noche de juerga o que te descubras tendencias eróticas hacia el sexo contrario (contrario al de tu pareja, se entiende).
Posiblemente el gran escollo para el debate sea esa aceptación de la monogamia como sistema natural que la vincula necesariamente al amor como si fuesen sinónimos. Criticar la monogamia es cuestionar el amor, ponerlo en duda. ¡El amor!
Pero ¿qué narices es el amor? Amor son, por ejemplo, el Horacio y la Maga de Cortázar recorriendo París, amándose y desamándose los 155 maravillosos capítulos que componen Rayuela:

“Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto”

El dolor de barriga, la risa floja, la mirada perdida, la alegría constante, el embobamiento. El amor caído del cielo, el rayo que te parte. El amor que lo puede todo, que te cala hasta los huesos, que no entiende de clases sociales, ni de normas preestablecidas, ni de fronteras. Que no tiene lógica ni falta que le hace. El amor que te eleva varios palmos sobre el suelo, que te hace mejor, más alegre, más fuerte, más generosa. Más feliz. Eso existe, claro, lo hemos sentido. Lo hemos vivido. Es real.
Lo que tal vez no sea tan real, ni tan espontáneo, ni tan benéfico es todo el ropaje con el que cubrimos inmediatamente ese amor que sentimos y que creemos que forma parte del amor mismo. La perdurabilidad y la exclusividad son dos de sus adjetivos: Beatriz, Julieta, (Romeo, Tadzio), para serlo, deben ser amores únicos y eternos. Condiciones sin duda sublimes en este mundo vulgar y efímero.

El gran amor, (también llamado amor romántico), l’amour, es una imagen liberadora pero sospechosamente repetitiva, extrañamente común. Cúspide de la evolución emocional del ser humano, el enamoramiento y su materialización, el everlasting love, nos parece lo más, especialmente comparado con las uniones de conveniencia de siglos anteriores o de latitudes distintas y con los matrimonios tradicionales, unidos por la hipoteca, los churumbeles y la costumbre, desapasionados y malhumorados. El amor romántico ofrece un marco emocional totalmente distinto y aparentemente liberador. La investigadora Coral Herrera Gómez lo explica así:

“El amor romántico cubre estos anhelos del mismo modo que las drogas, la fiesta o los deportes de riesgo y además está conectado con lo sagrado: la totalidad, la fusión definitiva, el placer total, la eternidad (premisa fundamental de todo amor verdadero). Una de las ficciones más importantes que proyecta el amor idealizado es el del cese de ese doloroso sentimiento de soledad que nos acompaña a todos los seres humanos desde la caída de las grandes construcciones sociales, religión o clase social y cualquiera de las instituciones en las que antes nos podíamos sentir pertenecientes a una comunidad o grupo unido por cuestiones religiosas, económicas o políticas. Así, representaciones simbólicas con mitos como el de “la media naranja” (de resonancias platónicas), nos anuncian el fin de la perpetua soledad a la que estamos condenados”.

Poner en cuestión l’amour, tratar de pensar modelos que desmonten la monogamia obligatoria y que la conviertan en una opción personal entre otras muchas posibles, no es cuestionar el amor. Bien al contrario, es tratar de entender el Amor, en mayúscula, más allá de sus construcciones, del amor en minúscula. Es seguir apostando por él, más allá de los finales felices y las comidas de perdices.

Hate that I love you

La mayor amenaza para la monogamia obligatoria y todas sus imágenes es la vida misma. Una estúpida vida que se niega a morir a pesar del amor, que insiste en cruzarnos con personas fascinantes, sensuales, divertidas y amargamente tentadoras. Una vida que, a pesar de todos los cuentos y todas las canciones, no cancela los deseos por causa del amor. ¿Cómo sellar de una vez la puerta de ese magnífico y elástico cuarto de los hermanos Marx que son nuestro corazón y nuestra cabeza? Si queremos ser honestas y consecuentes con nuestros pactos monógamos parece que solo hay una vía: la renuncia, la represión, el autocontrol, la fidelidad entendida como exclusividad.
El epicentro emocional de la fidelidad viene dado con el concepto mismo: en el sistema de pensamiento monógamo apenas podemos estar enamoradas simultáneamente de dos personas, porque no sabemos ni cómo construir semejante imagen. Sí amamos simultáneamente a mucha gente, pero solo nos atrevemos a darle a una la connotación romántica. El epicentro sexual de la cuestión también se asume sin mucha duda en un principio pero contiene retos importantes. Tener relaciones sexuales durante toda la vida (el amor eterno) con una misma única persona no siempre es tan satisfactorio como dicen las películas. Para empezar, porque las personas evolucionamos sexualmente a través de los años, y por mucho que ames a tu pareja, no siempre evolucionas en la misma dirección. Para seguir, porque una sola persona difícilmente puede cubrir todas las fantasías sexuales a riesgo de convertirse (y convertirla) en una esclava sexual. Y, para acabar, porque hay algo que una pareja de largo recorrido, por pura definición, no puede ofrecer: la novedad. Y la novedad, en términos sexuales, puede ser muy atractiva. Hay, pues, una cuestión práctica de necesidades, deseos y fantasías en la gestión de la fidelidad.

Hay también una cuestión moralista que aparece por los bajos fondos: si nuestro amour nos pidiese dejar de hablar con los demás de por vida nos parecería aberrante y saltarían todas las alarmas del maltrato. Pero al tiempo que pensamos el amor como un sentimiento exclusivo, pensamos el sexo más como un vicio que como una parte esencial del ser, necesaria y constituyente de la vida. Por eso cuesta tanto reivindicar y defender la diversificación sexual, especialmente para las mujeres e incluso ante nosotras mismas. En una sociedad pobre en lenguaje y lecturas, las mujeres sexuales contamos con el privilegio de la sinonimia: zorras, putas, guarras o, para los listos de la clase, ninfómanas, el término buenista que convierte nuestra sexualidad en una patología (de satiriasis, su equivalente masculino, nadie ha oído hablar). Sigue siendo más fácil y más serio decir “tengo sed” que afirmar “quiero follar”. Pero son gritos igualmente vitales e igualmente necesarios.
Por si fuera poco, también hay una cuestión política implícita en esa fidelidad sexual y emocional entendida como componente obligatorio del dúo feliz: la propiedad de los cuerpos y de los placeres que nos adentra en las marismas del capitalismo emocional.

El capitalismo emocional

“Eres mío”, “yo soy tuya”, “te lo he dado todo”, “te debo la vida”, “me robaste el corazón”, “voy a conquistarla”. “Me las pagarás”.
El triángulo amoroso que forman la monogamia, la fidelidad y el amor romántico usa términos del capital para definirse. Y las palabras, lo sabemos, no son inocentes. Si nuestro impulso romántico busca la media naranja, una vez que logramos ser naranjas completas la otra persona nos pertenece. O, al menos, pertenece a ese cítrico redondamente perfecto que formamos como dúo. Así, como propiedad, si nuestra “mitad” tiene relaciones sexuales o afectivas con otras personas nos está quitando algo que nos pertenece, está disminuyendo nuestra parte de ser. Compartir el amor es, sin duda, el infierno. Pero, en realidad, el amor no se comparte. No es como alquilarle una habitación en tu casa a alguien, o como dejarle la ropa a tus hermanos, o como viajar en un mismo coche para pagar a medias la gasolina. El Amor, con mayúsculas, no es un bien escaso sino un órgano que crece cuando lo ejercitas, un ser vivo que responde al alimento. El amor debería ser energía renovable, ese estado ideal que no resta, sino que suma. Que no te mengua, sino que eleva tu potencia y te hace grande.
Maite Larrauri  lo explica así en su libro El deseo según Deleuze:

“Vamos a tomar prestada una idea de Nietzsche y definiremos a las personas vitalistas como aquellas que aman la vida no porque están acostumbradas a vivir, sino porque están acostumbradas a amar. Estar acostumbrada a vivir significa que la vida es algo conocido, que sus presencias, sus gestos, sus sucesiones se repiten y ya no sorprenden. Amar la vida porque estamos acostumbradas a vivir es amar lo que ya hemos vivido. En cambio, amar la vida porque estamos acostumbradas a amar no nos remite a una vida repetitiva. Lo que se repite es el impulso por el cual nos unimos a las ideas, a las cosas y a las personas; no podemos vivir sin amar, sin desear, sin dejarnos llevar por el movimiento mismo de la vida. Amar la vida es aquí amar el cambio, la corriente, el movimiento perpetuo. La persona vitalista no ha domesticado la vida con sus costumbres, porque sabe que la vida es mucho más fuerte que una misma”

Entendido de esta manera, el amor no crea cítricos… sino campos patatas.

 

El campo de patatas deleuziano o la metáfora de los amores en red

rizoma¡En pie! Escuchemos a Deleuze y Guattari:

“Contrariamente a los sistemas centrados (incluso policentrados), de comunicación jerárquica y de uniones preestablecidas, el rizoma es un sistema acentrado, no jerárquico y no significante, sin General, sin memoria organizadora o autómata central, definido únicamente por la circulación de estados”.

Podríamos entender las relaciones amorosas, afectivas y/o sexuales, partiendo de esta idea: el amor ni empieza ni acaba obligatoriamente en el dúo sino que puede tener otras formas; crear, en lugar de estructuras cerradas, “polículas”, “núcleos afectivos”, como propone la (h)artivista Marian Pessah, que se puedan relacionar entre ellos, que se alimenten, que compartan espacios físico y/o emocionales. Crear rizomas, campos de patatas interconectadas entre sí, con lugares de unión y zonas de tránsito, con núcleos acentrados y solidarios. El amor, en esta imagen, no es la patata: una patata por sí sola no es más que un pobre tubérculo. El amor, nuestra vida amorosa, afectiva, sexual es todo el campo, todas las relaciones que establecemos los unos con las otras, y las relaciones de todos ellos con todos los demás. Un sistema de alimentaciones multidireccionales y constantes, de cuidados compartidos, una red o, como apunta el activista David M., un sistema de amores de código abierto, como Linux: sin propiedad, sin forma final y preestablecida, sino en constante transformación gracias a las aportaciones de la comunidad que lo compone.
Deleuze y Guattari oponen el ejemplo del árbol (estructura jerárquica) frente al rizoma, el campo de patatas, horizontal. En la gestión de los amores, podríamos oponer el bloque de pisitos del capitalismo emocional a las acampadas horizontales de los amores en red. Igual que tomamos las plazas deberíamos tomar las relaciones y empezar a construir desde ellas un mundo nuevo.
¿Precioso, verdad?
Pues, ahora, las malas noticias, porque nuestro paraíso particular tiene dos peligros mortales: los celos y el escaqueo. Y de ambos lo más fácil de gestionar, lo creáis o no, son los celos.

 

Los celos

A menudo se dibuja a las personas que proponemos relaciones no-monógamas como personas que no somos celosas. Tenemos el privilegio de la indiferencia y por lo tanto podemos llevar a cabo relaciones de este tipo. No es así: en cualquiera de las propuestas que pueden englobar las relaciones no-monógamas, los celos y su gestión son un tema central. Tal vez la diferencia es que los discursos no-monógamos no contemplan los celos como determinantes en las relaciones y no se entienden como causa sino consecuencia, no como enfermedad sino como síntoma de carencias o necesidades no atendidas, y que pueden colmarse y calmarse.

Según uno de los libros de referencia sobre la cuestión de los amores no-monógamos, The Ethical Slut, “escuchar a tu amante cuando siente celos puede ser difícil. A veces nos resulta más fácil enfadarnos y echar a nuestra pareja de nuestro lado que mantenerse cerca cuando está sufriendo, para empatizar, para apoyar, para cuidar. Cuando culpamos a nuestra pareja por sentir celos, estamos intentando justificar nuestro intenso deseo de no tener que escuchar cuánto duele cuando vamos camino de la puerta para ir a jugar con otra persona. Es una manera horrible de evitar tener que enfrentarte con tus sentimientos de culpa. Si esto te suena familiar, si has experimentado momentos como éste en tu vida, te recomendamos que practiques la habilidad de quedarte en silencio con el dolor de tu amante y el tuyo. Recuerda, tú no tienes que solucionar nada, todo lo que tienes que hacer es escuchar, a ti o a la otra persona, y entender que duele. Punto.
La manera de desaprender los celos es abrirse a experimentarlos. Eligiendo activamente el experimentar un sentimiento doloroso como los celos, estás empezando a reducir el poder que tienen sobre ti. Primero, tú decides que tus celos no te van a hacer salir corriendo. Y ejercitas tu primera manera de controlar los celos: Me voy a mantener firme y voy a ir a mi ritmo y el de mis sentimientos”.
Las experiencias compartidas parecen coincidir en que la mejor manera de desactivar los celos es la comunicación y la empatía. Poder explicar a las personas con las que te relacionas cómo te sientes respecto a tu entorno afectivo y sexual sin miedo a juicios ni reproches, poder compartir dudas, angustias y temores y poder recibir respuestas que te calmen los demonios hasta que los demonios desaparezcan por sí mismos. Tantos siglos de educación monógama no se solucionan simplemente decidiendo no ser monógama. Hay miles de teclas que se mueven con esa decisión y sentirte acompañada por las personas que te quieren y que también siguen sus propios procesos es de una ayuda inestimable. Las primeras veces que rompes el vínculo entre amor y monogamia parece abrirse todo un abismo ante ti, pero solo hay que dar el paso: con tranquilidad, con honestidad, con calma. Y descubrir que en el infierno de los celos, al fin, no hay más que cuatro demonzuelos mal puestos y absolutamente superables.

El escaqueo emocional

golfxs con principiosLos celos son gestionables y vencibles. Hay libros para aconsejarse, fórmulas demostradas y grupos de apoyo para superarlos y vivir sin ellos. Sin embargo, contra el escaqueo hay poco remedio. Las relaciones no-monógamas son también el refugio y la excusa perfecta para el individualismo emocional, para esconder bajo una pose moderna la incapacidad para el compromiso con la vida misma: amar a mucha gente para en el fondo no tener que amar a nadie.
Del mismo modo que la posesión de los cuerpos y deseos ajenos forma parte del capitalismo emocional, la desvinculación de los mismos también lo es, pues comparte con ella la cosificación, el usar y tirar: las personas y los cuerpos como puro objeto de consumo, como entes substituibles.
En el campo de patatas del amor, en el rizoma, ningún elemento es substituible y ninguno es prescindible: las relaciones y las personas cambian, se transforman, influyen las unas en las otras y en ocasiones desaparecen y aparecen otras nuevas. Pero no aparecen en su lugar, no suplantan. El imprescindible Golfxs con principios propone cuatro cualidades para el vínculo no posesivo que, sin ser las únicas, son sin duda esenciales:

“Ser honestxs, ser sincerxs con nosotrxs, y también con la otra persona. Si se tiene prisa, si se lee la línea y se quiere pasar a la siguiente, se puede pensar: “Ahá, honestidad, vale, lo soy bastante”. Pero la verdad es que no es tan sencillo. La honestidad para admitir dónde metemos la pata, donde no somos tan buenas personas, sinceridad para admitir en qué momento no respetamos lo suficiente a la otra persona… eso no es nada fácil de admitir. Y que la otra persona sepa realmente lo que pensamos, queremos, deseamos…tampoco es tan fácil
Entender que no poseemos a la otra persona, que no es nuestra propiedad. De nuevo parece sencillo, pero en la realidad cuesta olvidar los mitos de la media naranja y entender que es una persona independiente, que puede hacer lo que le dé la real gana, porque es una persona aparte… Tampoco es fácil.
Respetar los acuerdos con la otra persona. No sólo cosas tan serias como si follarás con condón o no, o si tendrás relación emocional o solo sexual. También los acuerdos sobre a qué hora aparecerás, sobre los días que estarás con esa persona… respetar esos compromisos y no fallar a la primera de cambio.
Saber dar afecto y apoyo emocional, contribuir a que la otra persona se sienta bien. Saber demostrar nuestro cariño. Saber comunicar a la otra persona lo importante que es para nosotrxs”.

El cambio de paradigma que propone la ruptura de la monogamia obligatoria no es la banalización definitiva de los amores, sino todo lo contrario: el compromiso final, el que late en el fondo de los compromisos políticos, ideológicos y sociales, pero que es bastante más jodido, bastante menos vistoso y bastante más arriesgado.

“Comprometerse es, en el fondo, dejarse comprometer, dejarse poner en un compromiso. Eso quiere decir romper barreras de inmunidad, renunciar a la libertad clientelista de entrar y salir con indiferencia del mundo como si fuese un supermercado o una página web. Quiere decir dejarse afectar, dejarse tocar, dejarse interpelar, saberse requerido, verse concernido…. entrar en espacios de vida en los que no podemos aspirar a controlarlo todo, implicarnos en situaciones que nos exceden y que nos exigen inventar nuevas respuestas que tal vez no tendremos y que seguro que no nos dejarán igual. Todo compromiso es una transformación forzosa y de resultados no garantizados”.

En esta cita de la filósofa Marina Garcés está la clave del cambio de paradigma. No vale la pena desmontarlo todo para volver a montar lo mismo con otro nombre. Las nuevas formas de amarnos, de follarnos, de mezclarnos, de relacionarnos no se pueden construir desde la miseria emocional sino desde la alegría y desde el coraje, poniendo la propia vida en juego,  escribiéndola en las pancartas, enseñándola a nuestras hijas e hijos, defendiéndola a cara descubierta, convencidas de que cada vez que le abrimos la puerta a nuestro amor para que vaya a encontrar otro amante estamos construyendo un mundo nuevo. Desde la intimidad menos vistosa de nuestra vida privada, sí, pero con las bases mucho más perdurables, mucho más transformadoras, de la vida propia como revolución cotidiana.

Share

El pañuelo musulmán: corrección política e incorrección ética

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Corrección política para la incorreción ética

(C) Carlos Rosillo

(C) Carlos Rosillo. Compañeras de Najwa se ponen el velo en solidaridad con ella

Asisto alucinada a la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid respaldando la decisión del instituto Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón de expulsar a una alumna por cubrirse el pelo con un hijab. Un “velo“.

Leo espeluznada una sarta de frases vacías que defienden el reglamento interno de un instituto como si fuesen las leyes sagradas que tanto parecemos despreciar en este laico país. Escucho indignada un run-rún contínuo de voces airadas que consideran extremadamente importante que los y las alumnas de los institutos no se cubran la cabeza ni con gorras, ni con cascos de moto, ni con… mmmm…dejadme pensar… ¡ah, sí! con velos islámicos. Un prenda de ropa como otra cualquiera. Una prenda que, como cubre la cabeza, no se puede admitir en un instituto, ¡dónde iríamos a parar!

Y todos estos argumentos estúpidos, sin sentido alguno, justifican que una alumna haya sido apartada de su instituto y de su comunidad. Y nos parece bien, oiga, justo, comedido, democrático. Civilizado.

A mí todo esto me da asco. Tanta corrección política, tanto lenguaje neutro hasta el surrealismo más enervante, a mí me da asco. Si estamos montando todo este revuelo en un país que se derrumba por culpa de una gorra de béisbol que lleva una chaval en un colegio, es que somos un país definitivamente enfermo. Pero no lo estamos haciendo por una gorra de béisbol. No lo estamos haciendo por una prenda de ropa cualquiera. Lo estamos haciendo por un velo islámico. Musulmán. Reconocer eso es la primera parte necesaria para reconocer que no nos hemos vuelto loc@s del todo.

La segunda parte es más complicada.

Infinidad de veces se nos ha intentado vender estos actos como actos de defensa a las libertades de las mujeres. Tan débil es ese argumento que ya ni esta sentencia se atreve a recogerlo. Infinidad de mujeres con velo nos explican una y otra vez que lo usan porque quieren, porque se sienten mejor, porque forma parte de su forma de ser, de vestir, de presentarse, de entenderse. Pero no las creemos. Nosotras que hemos crecido con las melenas al viento nos parece una insensatez que una mujer escoja cubrirse la cabellera. Están alienadas, anuladas, forzadas, no hay otra explicación.

A mí el tema me recuerda a conversaciones con amigas feministas que reniegan del sujetador. Yo lo uso. Uso sujetador. Sé perfectamente que es una prenda patriarcal, que me oprime, me aprieta, me instrumentaliza y no sé cuantas cosas más. Pero aún así yo que me siento más cómoda llevándolo. Y me cabrearía sobremanera que todas las conversaciones sobre mí derivasen necesariamente hacia una ropa interior que es asunto mío y de nadie más. Precisamente porque el feminismo me ha enseñado que mi cuerpo es mío. Para cubrirlo o descubrirlo. Para tener sexo y para negarme a tenerlo. Para parir o abortar. Mi cuerpo, mi sujetador y mi velo son asunto mío.

Y aquí viene la madre de todas las batallas, la tercera parte: la identidad.

El pañuelo islámico no es una gorra de béisbol y no es un sujetador. Es un pañuelo islámico. Y el islam nos da una mezcla de miedo y repugnancia.

Rafael Hernando, portavoz adjunto del PP en el Congreso y “reconocido” feminista de un partido que ha demostrado también serlo (entendedme la ironía) afimaba en referencia al caso “El velo islamista (sic!) es un signo de sumisión de la mujer al hombre, y no sólo es humillante para quien lo lleva, sino para quien tiene que verlo, y esos no son los valores que deben de aprender los niños en los colegios” (http://www.peatom.info/escaner/125043/el-instituto-camilo-jose-cela-prohibe-el-velo-islamico/)

Nombrarlo como lo que es y dejarnos de marear con el lenguaje sería un primer paso: lo que estamos prohibiendo es el pañuelo musulmán. No los crucifijos, ni las gorras. El velo musulmán. Y entender por qué nos asusta tanto, y por qué tenemos necesidad de prohibirlo podría ser un debate que nos ayudase a entender todas las cargas de prejuicios que llevamos encima y que nos nublan el entendimiento.

Lo hemos dicho en infinidad de veces: es una cuestión de identidad. La identidad de la chica que decide llevarlo y que nos asusta en tanto que identidad en retroceso. Nos parece que aceptamos que una mujer sea sumisa, que reivindicamos el patriarcado si aceptamos que lleve el pañuelo. Pero ¿no nos damos cuenta que una mujer que se enfrenta a la sociedad dominante reivindicando su derecho a ser diferente ya es una mujer empoderada? ¿No entendemos que la libertad de ser lo que quieras es la Libertad con mayúsculas?

Pero el pañuelo musulmán también es una cuestión de una identidad colectiva de la que las mujeres veladas, por mucho que nos disguste, también participan. Somos, como país, como pueblo, lo que estamos siendo. Aunque lo que estamos siendo contradiga unos mitos fundacionales y unas proyecciones  llenas de errores históricos y de mentiras. Somos un país, o unos países, diversos, múltiples, complejos. Y este debate pone en juego lo que queremos llegar a ser: un lugar con ciudadanías de primera, segunda y tercera, o un lugar que se construye en la simetría, en la inclusión, en la igualdad de derechos.

Najwa, la PAH, Ester Quintana y todas nosotras, las de abajo, formamos parte de lo mismo. De la lucha por una legalidad que defienda a las personas en su diversidad de vivires y de circunstancias frente a los urdangarines y los werts y los rescates bancarios, los de arriba, que se quisieran dueños de una verdad única, monolítica y se creen con derecho a decirnos  de qué manera podemos o no podemos vestir, ser y existir. 

 

Más información:

Comunicado de Red Musulmanas: http://www.redmusulmanas.com/comunicado-de-red-musulmanas-ante-la-vulneracion-de-la-libertad-religiosa

Share

El feminismo colonizado

Written by Brigitte Vasallo. Posted in El feminismo colonizado

Os reblogueo un artículo de Flor Monfort aparecido en el diario argentino Página 12 y que retoma ampliamente las reflexiones que hicimos desde este blog.

 

 

feminismo colonizadoFatua, ulema, Corán son palabras que tienen un velo para Occidente, pero un velo que pretende ser corrido a los ponchazos por esa creencia tan extendida de que somos nosotrxs, los civilizadxs, lxs que señalamos el camino correcto. Tal es el debate que se plantea con la ablación del clítoris en tantas tribus de Africa, un ritual a nuestros ojos aberrante pero sobre el que poco se ha querido entender desde los ojos de las propias protagonistas, muchas de ellas convencidas de que es un ritual de pertenencia necesario y deseable. Pensamos que están siendo engañadas por una tracción patriarcal que las domina tanto como a nosotras pero con resultados más sangrientos y definitivos, nada menos que la supresión del placer sexual de manera definitiva. Los casos de mujeres que lograron zafarse de sus destinos tribales dan cuenta de esos relatos sólo torcidos por alguna circunstancia excepcional pero que resultan eso, meras excepciones. Porque las chicas que son mutiladas morirán en sus comunidades, de manera que es muy complicado hacer ese trabajo de salvataje sin entrar en las historias y vericuetos propios de esas vidas, muy alejadas de las de civilizadas que pretendemos controlar. Como si la operación de salvataje justificara toda la acción, sin pensar en el antes ni calcular el después. Claro que sería hermoso intervenir en esas culturas para revertir una práctica que se lleva las vidas de tantas nenas como muertes por abortos clandestinos tenemos en nuestra región. Pero esa intervención debe ser mediada, custodiada, evaluada con tiempo y paciencia, y también cuestionada, puesta en duda.

La semana pasada, el caso de Amina Tyler dio la vuelta al mundo en pocos clicks. La organización a la que pertenece, Femen (el grupo feminista ucraniano que celebró, por ejemplo, la renuncia de Benedicto XVI con topless en la mismísima plaza San Pedro) lanzó una petición para salvar la vida de una de sus integrantes. Es que Adel Almi, un clérigo musulmán, había lanzado una declaración alarmante. Dijo: “Amina debe ser azotada 100 veces, y debido a la gravedad de su pecado (las fotos), la joven merece ser lapidada hasta la muerte”. Pero las declaraciones de Almi no fueron más que la suelta de una opinión, claro que con una historia de lapidaciones que avalan el llamado de atención, pero con la gravedad suficiente como para analizar bien la sentencia antes de largar cualquier pedido de ayuda. Según las leyes de Túnez, Amina podría ser instada a pagar una multa e incluso ser juzgada por exhibición pública y conseguir una condena efectiva, pero hasta ahora nadie realizó una denuncia ni su caso llegó a la Justicia. A muchos medios les encantan las lapidaciones, y el titular sobre la muerte inminente de una chica blanca, universitaria y linda que se quiso expresar libremente paga más que cualquier error, total con el tiempo se pueden aclarar los tantos. Con el correr de los días se dijo que Amina estaba desaparecida y las fotos en solidaridad que imitaban el gesto se multiplicaron de a miles: mujeres mirando a cámara que se escribían leyendas similares sobre la piel, leyendas que nos pertenecen a todas sobre la propiedad del propio cuerpo, nuestro deseo, el derecho a decir que no.

La petición de Femen que sigue firme en la web pide por ella y su urgente aparición, pero ni Amina está desaparecida ni la van a lapidar, a pesar del comunicado de Red Musulmana que explica el malentendido aclarando que manifiestan el apoyo a toda forma de protesta pacífica como la de Amina y reivindican el derecho de propiedad de las mujeres sobre sus cuerpos en lo que denominan “un ejercicio irrenunciable de recuperación de nuestra matria potestad”, pero aclarando algo que quién mejor que ellas: “Con este comunicado queremos aclarar cuál es el contenido de la noticia y qué es una fatua. En el Islam no hay jerarquías religiosas, no hay cabezas visibles que ordenen y manden. Ante sucesos novedosos, las personas que se dedican a estudiar la religión pueden emitir veredictos y contraveredictos que no son vinculantes. Cualquier ulema, y hay miles de ellos y de muy distintas facciones, puede emitir una fatua que será retomada o contradicha por numerosas otras fatuas y

contrafatuas (…). Sería sorprendente que tomáramos estas declaraciones como una fatua, esto es, un pronunciamiento legal vinculante, ya que en la jurisprudencia tradicional islámica no se contempla ni la lapidación ni los latigazos por posar desnuda. Así pues, ni existe fatua alguna, sino supuestas declaraciones misóginas y criminales muy graves, ni tienen peso legal ninguno, ya que en Túnez no existe la pena de muerte”. Y aclaran que el valor de la noticia habría mutado significativamente si hubiera instalado el debate sobre la necesidad de un cambio en la legislación que podría haber penado a Amina por el desnudo, en un país donde desde la Primavera árabe y el derrocamiento de Ben Ali, el gobierno provisional no logra generar un consenso que reordene la vida pública y económica y logre paliar el caos que se desató desde la inmolación de Mohamed Bouazizi, estudiante de 26 años y dueño de un carro ambulante que fue golpeado por la policía y privado de su única entrada de dinero. Su muerte a lo bonzo provocó el desencadenamiento de cientos de protestas en todo el país durante 2011. “Entender sus palabras como si fuese la voz del Islam lo único que hace es darles alas y poder a los radicales”, concluyen, aclarando que la islamofobia está a la orden cuando de noticias espeluznantes se trata.

LA TRAMPA ETNOCENTRICA

femenAgrupar a todos los países islámicos en la misma bolsa es como creer que Sudamérica es un bloque donde todos bailamos capoeira o tomamos mate o adoramos a la Pachamama. Sin embargo la tentación de hacer del Islam una enorme etiqueta que aglutina identidades opresoras y mujeres con velo que mueren bajo las piedras es propia de ese etnocentrismo europeizante que cree que desde allí se mueve el mundo. Como si Europa fuera también una fuerza colonizadora, capitalista y patriarcal sin matices. Muchas veces en esta grieta se acomoda la trampa de las militancias, que necesita ponerse en una mano lemas y consignas para lograr efectos, muchas veces condenando verdades que en la realidad son más complejas o plurales. Como el caso de Amina.

Femen no dio los suficientes pasos atrás en su llamada de atención, ni siquiera citó a la Red Musulmana para compensar la información errónea y apresurada. Y mucho menos reprodujo aquello que es saludable entender: las voces que provienen del Islam son muchas más que las del clérigo Amin y no somos nosotras las que estamos en la lucha cotidiana por sus causas, por más peticiones que firmemos o fotos que nos saquemos. En cambio, Red Musulmana sí.

La periodista cultural y comunicadora Brigitte Vasallo escribió a propósito de este debate: “En numerosas ocasiones mis compañeras de Red Musulmana me han explicado con amargura de qué manera su voz es silenciada tanto por los feminismos hegemónicos, que desacreditan su visión feminista en tanto que atravesada por la fe, como por los sectores ortodoxos del Islam, que las consideran demasiado revolucionarias. Estos últimos días he podido vivir en primera persona su situación y darme cuenta de que el problema es aún más grave e incluye el machismo más rancio, la islamofobia y el odio intercultural”. Para Vasallo, el gesto de Amina es reconocible pero no universal, por tanto la bruma de la aclaración suma puntos en su pretensión de absolutismo. El comunicado de Femen insistía en mantener la alarma a pesar de que la pena de muerte fue abolida del país en cuestión y seguía la senda del pronunciamiento mundial: mujeres en sus casas a fotografiarse desnudas por Amina. “No es la única manera ni es el único código. Ni siquiera, pero eso ya es una opinión personal, me parece el gesto más interesante: Mi cuerpo es mío, sí, pero estoy hasta el coño (sí) de que la batalla se reduzca a mi cuerpo, cuando mi mente, nuestras mentes, están mucho más colonizadas aún que nuestros pechos o nuestras altamente colonizadas caderas. (…) ¿Para qué perder el tiempo tratando de entender cuándo podemos montar una guerra cibernética desde nuestras confortables casas, sintiendo que estamos salvando el mundo en cada click y sin poner ni una de nuestros valiosos pezones en riesgo alguno”, concluía Vasallo, poniendo el acento en la necesidad de repensar estrategias: si el clérigo y Femen finalmente no siembran para la misma cosecha, aquella que puso los dichos de un “él” en primer plano, el gesto de ella en uno muy superior al que puede lograr un cambio real (más allá de la novedad cibernética, las mujeres más necesitadas de empoderarse no están online) y los coletazos que podrían lograr un verdadero cambio de cabezas en las notas a pie de página de toda esta historia.

LAS DUEÑAS DEL CAMBIO

Vale preguntarse qué va a cambiar después de Amina. Si Femen pensará que el feminismo es suyo o de todas y si el patriarcado no termina triunfando finalmente porque sus tentáculos se enredan mucho más profundo: ¿quiénes son las dueñas de las consignas, de las causas, de los desarrollos críticos? ¿Para quiénes sirven las fotos? ¿Para quienes esperan ser rescatadas o para las que quieren participar aportando su juicio y su mirada? ¿Quién dijo que ellas, las indígenas del norte argentino o las musulmanes norafricanas, son pasivas, están esperando ayuda, la ayuda de las que pudieron pensar en ellas pero desde sus propios principios?

La avalancha de imágenes de mujeres de todo el mundo parece confirmar que las redes sociales son buenas y permiten una interconexión que de otro modo sería imposible. Y mucho de eso debe ser cierto, pero ¿cuál es su verdadero alcance? O mejor dicho, ¿no es válido preguntarse si además de la libertad que nos permite unirnos en un solo clic deberíamos unir voluntades para tirar del mismo carro, más allá de las diferencias? O que las diferencias son saludables si de pensar en la propia cultura se trata. ¿Quién mejor que las protagonistas para opinar sobre la lapidación, el uso del velo, la ablación del clítoris o la clandestinidad del aborto? Eso o el famoso desafío de unir la academia con la trinchera.

Share