Cheikh Hamza Shakkur: taarab en su voz

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Islam, Música, Música (s) árabe (s), Músicas, Siria

HAMZA SHAKUREl taarab es un concepto clave en la música árabe. Es algo así como la conmoción estética, el momento de ruptura con lo real, cuando la música deja de ser una experiencia artística para convertirse en una convulsión que arrastra al intérprete y al oyente. El taarab se asocia, cómo no, con la gran Oum Kelthum pero en realidad es algo relacionado con el instante, con la pasión y con la vida. En las actuaciones de Nusrat Fateh Ali Khan, el maestro del qawali paquistaní, nunca faltaban hombretones rudos doblegados en lágrimas enamoradas ante su canto. Eso es taarab. Cuando en momentos flamencos intensos alguien se levanta del asiento impulsado por un resorte invisible y se arranca en un ole que suena a alma saliéndose por la boca, también es taarab. ¿Las adolescentes arañándose la cara, tirándose de los pelos dehechas en gritos ante Enrique Iglesias? Pues por qué no, eso también puede ser taarab. La conmoción.

Yo entendí físicamente el concepto al escuchar al Cheikh Hamza Shakkur. Al notar que se me cortaba el aliento y que un acceso de llanto me subía por la garganta sin ningún otro motivo que su voz y mi oído.

Muftí de la gran mezquita de Damasco, fue elevado a las cumbres de la música “exótica” europea gracias a Julien (Jalaldin) Weiss, un bretón enamorado de El Lado Oscuro (el Eje del Mal) que lo dejó todo para instalarse en Siria, entrar en el islam (un islam errático, como él dice), aprender a tocar el qanun y montar un grupo que ha cambiado muchas vidas (y muchos oídos): Al Kindi. Esta formación se acompaña de diferentes voces solistas, todas ellas masculinas y todas ellas fascinantes: el Cheikh Habbush (el Cheikh Bush, como bromeaban Weiss y Shakkur), Hussein al Addami, Omar Sarmini… de todas las voces que utiliza esta formación, la de Hamza Shakkur siempre ha destacado. De una profundidad difícil de explicar, con un canto fácil, suave, de una belleza abrumadora, ha protagonizado alguno de los discos más memorables que ha dado Oriente Medio en las últimas décadas.

Hamza Shakkur se hizo inmensamente popular cantando música sufí, de la cofradía de los mevlevis, originaria de Turquía. Cantos de amor a lo divino que él dotaba de una carnalidad que quitaba el aliento. Es con esos cantos, y con Al Kindi, que recorrió Europa y Estados Unidos, mostrando aún otra cara de las infinitas que tiene el mundo árabe: ni eje del mal, ni danza del vientre, ni rai y fumeteo. La Siria clásica, el islam musical, la espiritualidad como forma de celebrar la vida.

Su presencia escénica era tan poderosa como su voz. Pequeño de estatura, sobre el escenario se veía enorme, gordo, con una enorme barriga que cubría con túnicas riquísimas y una cara hermosa. Cantaba sentado, apoyando las manos en las rodillas. No necesitaba más para elevar el portento de su voz.

La primera vez que lo vi en directo tuve el privilegio de hacerlo en privado, durante una prueba de sonido en el año 2004. Era el primer día de Ramadán, justo antes de romper el ayuno, y los músicos estaban haciendo los últimos ajustes con los técnicos de sonido previos al concierto. El Cheikh iba vestido con ropa de calle y parecía un hombre cualquiera. Estaba sentado en el escenario, despistado, hablando con alguien entre las bambalinas mientras los músicos avanzaban en un tema. Y entonces alguien le pidió que hiciese una prueba de voz. Y se acabó el mundo. Sin hacer el más mínimo esfuerzo, ni prestar apenas atención, su boca se abrió unos milímetros y de allí salió música. La Música. Taarab.

Cuando al cabo de un rato me invitaron a su almuerzo de Ramadán (sin duda aquél era mi día de suerte) descubrí a un hombrecito simpático, comunicativo, seductor, que era capaz de tragar un trozo de pastel e inmediatamente entonar una llamada a la oración tan perfecta y cristalina como si hubiese estado calentando la voz durante largo rato. Y acabarla, sonreír satisfecho ante mi estupefacción, y zamparse otro trozo de pastel. Divino y humano simultáneamente.

En octubre de 2008 lo vi por última vez en concierto. Su voz seguía siendo de una belleza dolorosa, pero la potencia había desaparecido. Antes, cuando el Cheikh Hamza Shakkur cantaba, los instrumentos tenían enormes dificultades para ser oídos. Él lo cubría todo y, en el fondo, convertía todo lo que rodeara a su voz en prescindible y banal. En esta ocasión su voz sonaba entre los instrumentos, navegaba entre ellos. El Cheikh tenía ya el pelo blanco y cantaba de pie.

El gran Hamza Shakkur murió en Damasco el 4 de febrero de 2009.

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Este trabajo de Brigitte Vasallo tiene licencia de Creative Commons Attribution-Noncommercial 3.0 Spain License. Publicado originariamente en la revista Pueblos.

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Comments (1)

  • Anónimo

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    Mi estimadisima, hace relativamente poco que conozco la obra del Gran Hamza, paso dìas ensimismado escuchando su voz resonando en mi pecho, como si quisiera meterse desde los auriculares hasta mi alma, las ultimas lineas de tu nota me conmovieron profundamente, no sabìa que el Maestro ya no està con nosotros. Pero me alegro tambièn, lo imagino llenando el cielo con su poderosa voz!
    Me encanto tu nota, me emocionò mucho, mil gracias!!

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