Julien Weiss: cuando el mito se hizo hombre
Me acerco a Julien Weiss abrumada por el peso de su nombre: referencia imprescindible de la mejor música docta árabe, nacido francés pero residente desde hace tres décadas en Siria, en un palacio mameluco del siglo XIV, rodeado por maestros sufís del islam que él mismo profesa. Sus conversaciones versan sobre astrología, príncipes medievales, musicología, y en las fotos de sus discos nunca sonríe. Me acerco como si fuese a encontrarme con Leonardo da Vinci… o con E.T. Sin embargo la sonrisa es lo primero que me ofrece para iniciar una entrevista fresca, llena de guiños, de un humor agudo y cordial.
“Voy a empezar diciéndote algo terrible: nunca escucho música occidental, para no contaminarme el sistema nervioso (risas). Sólo lo hago en ocasiones que están fuera de mi control, como cuando en Siria voy a un restaurante y el dueño, para complacerme, pone un disco de Julio Iglesias, y a mí me entran ganas de suicidarme allí mismo. Salvo estas ocasiones sólo escucho música oriental no temperada, es decir, música antigua, árabe, persa… y también a veces música hindú y como caso muy excepcional soporto algo de barroco, pero no tengo ningún disco occidental en casa…
Julien Weiss se declara musulmán “errático” y ironiza sobre sí mismo con una inteligencia mordaz.
“Esto de la música no es una prohibición de carácter teológico, sino más bien personal y poética. No me interesan las prohibiciones… pero me pongo algunas limitaciones como por ejemplo la televisión; hay quien dice que por ello soy un talibán, pero no, ¡todo lo contrario Te encuentras con hombres muy conservadores (o sea, fundamentalistas) que vienen a mi casa a mirar el porno en los canales europeos y luego se pasan el día diciéndote a todo ¡haram haram! (pecado pecado). ¡Es de una hipocresía espantosa! Así que he suprimido la televisión, también porque si no me pasaría el día enganchado y no haría ni música ni leería ni nada”.
Julien Weiss se define como Occidental. Me sorprende que después de tantos años “inmerso” en Siria aún no se considere árabe. “El colonialismo ha extendido por todo el mundo la neurosis etnocéntrica, y eso ha sucedido también en el mundo árabe; a veces tienes que aguantar comentarios del tipo “pobre francesito, nunca serás un buen árabe”. Yo intento evitar todo esto declarándome extraterrestre y viviendo en otra dimensión aunque conservando mi identidad… no francesa, eh! no me malinterpretéis, yo no reivindico a Maurice Chevalier como herencia cultural (risas). Pero he encontrado un punto habitable tejiendo relaciones empáticas con el mundo desde mi lugar en oriente, donde las gentes son mucho más sociables.”
El Ensemble Al Kindi es un grupo de culto: ¿cuál es su público en el mundo árabe? “Mira, eso es algo muy curioso: en Siria nos vienen a ver ¡la gente del Hezbolá y los intelectuales cristianos! (risas), porque son muy elitistas y les parece de lo más chic que un francés toque música árabe antigua. Pero, por ejemplo, en Marruecos ,tenemos un público muy amplio. En Europa intento salir de comunitarismo que hace que un bretón se vaya de viaje a China y se acabe juntando con otros bretones para comer crepes. Yo en Europa trato de tocar para los europeos, y si hay árabes que se apuntan pues aún mejor. Debo ser consciente de que intento transmitir una cultura elitista, estamos hablando de música culta, pero aun así intento llegar al público local por muy alejado de esta tradición que esté. Algo que me interesa mucho en Siria son los salones de música que organizo en mi casa, de manera totalmente gratuita. Abro las puertas y todo el mundo es bienvenido a venir a tocar con nosotros o a sentarse a escuchar. Forma parte también del espíritu antimercantilista, en el que participo en la medida de lo posible: mientras tenga lo suficiente para comer, lo demás es superfluo. Es en lo que creo.
El único elemento variable en el Ensemble al Kindi son las voces: el cheikh Hamza Shakkur, pero también el impresionante Omar Sarmini, el maestro iraqí Hussein al Adhami, el fascinante Lotfi Bouchnak y muchos otros, todos ellos extraordinarios… sin embargo ninguna mujer ha puesto aún su voz para Al- Kindi. Cuando se lo comento Julien Weiss abre una amplia sonrisa. “De verdad, no soy homosexual. De hecho creo que si lo fuese todo sería más fácil, pero el caso es que me gustan mucho las mujeres; sin embargo el universo femenino en el mundo árabe es desesperante: me gustaría encontrar una cantante intelectual, refinada, mística, con un acercamiento casi musicológico del repertorio antiguo. Hace unas décadas eso era aún posible: las cofradías eran mixtas en muchos países (no en Siria, que en ese sentido siempre ha sido segregacionista, auque sí que admitía cofradías femeninas); las niñas, como los niños, crecían cantando el repertorio sufís y las mejores eran después encumbradas y se dedicaban solo a cantar. Oum Keltoum, sin ir más lejos, creció así. Pero entonces llegaron los fundamentalistas y todo eso se acabó. Hoy la tradición está en manos de los hombres y ellas son las estrellas de un show bisness deplorable. Tal vez la única que rompe un poco con esto es Marie Keirouz, que está haciendo un trabajo muy interesante con el repertorio cristiano. Es una lástima, pero me conformaré con Hamza Shakkur, aunque no sea demasiado sexy”.
Salgo corriendo para hablar cinco minutos con el Cheikh Hamza Shakkur, tiempo suficiente para que me comente que está preparando un disco multiconfesional con Wadih al Safi, una voz extraordinaria de la tradición cristiana del Líbano. Después del magnífico concierto, ambos están contentos, recibiendo su particular baño de multitudes. Julien Weiss me pregunta si he grabado su conferencia previa al concierto: no he podido. “¡Qué lástima!” Me dice con un guiño. “Hubiese sido mejor para tu artículo. ¡Creo que en la entrevista he dicho muchas tonterías.!”
Yo tenía a Julien Weiss en un pedestal. Ya no: lo he puesto en el altar de la gente que me gusta.
Publicado en junio de 2005 en la revista Batonga!
Tags: ensemble al-kindi, Hamza Shakkur, Julien Weiss, música árabe, música siria
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