Guerra migratoria: El lenguaje

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Guerra migratoria: el lenguaje, Lenguaje, Migraciones

el cobrador catalàMe permito un juego de autorreferencias subiendo un post con material publicado en mi Facebook. Pero veréis que merece la pena.

Me he estado entrevistando con el director de un colegio de primaria. Un hombre, por lo demás, sensible, reflexivo y aceptablemente culto.

La entrevista iba bien, hasta que ha salido el tema de la inmigración. ¡La Inmigración! Una de las grandes preocupaciones de los padres y las madres que buscan colegio para sus hijos es saber si en la escuela hay muchos “inmigrantes“, según he podido descubrir estos días.

(Para entender mi sorpresa debo aclarar que vivo en unpueblecito de mar a precios prohibitivos donde los únicos negros y similares son familias establecidas desde hace años, reagrupadas, normalizadas, ¡integradas! La preocupación por “La Inmigración” aquí es pura fantasmagoría).

Sigo.

Preguntado por “la inmigración” el director ha hecho un bucle de lenguaje políticamente correcto. Por no decir una animalada ha acabado diciendo una estupidez.

- ¿Inmigración? -ha dicho. Bueno, la verdad es que en este colegio tenemos muy pocos “nouvinguts” (recien llegados)… y la mayoría de los que tenemos, ¡son niños nacidos aquí!

Primera lección sobre el lenguaje migratorio: si el cuerpo te pide llamarlo moro, llámalo moro. Porque tal vez es la única palabra que sabes, y tal vez ni la estás usando en sentido peyorativo.

Pero si llamas inmigrante a un niño nacido aquí, algo le está pasando a tu cerebro. Lo que tu cabeza no puede admitir es que un negro sea tan ciudadano como tu. Un negro, un moro, pertenece a Los Otros. No importa los esfuerzos que haga por diluirse en la masa. No importa hasta qué extremo aplique esa integración que pedimos a gritos. Ni él, ni ella, ni sus hij@s, lograrán ser reconocidos como parte del conjunto. Nouvinguts, recién llegados después de décadas, siempre parte de la excepción.

No es una cuestión de ropa, ni de idioma, ni de formas, ni de rezos, ni de nada. Es una cuestión de piel. Un negro es un negro, un moro es un moro, un chino es un chino. Tengo una mala noticia, y es que eso tiene un nombre: se llama racismo. Ups! qué palabra tan fea…

He subido esta reflexión a mi facebook e inmediatamente he recibido una respuesta desternillante de mi amiga Ikram, crecida, estudiada, trabajada, enamorada y relacionada en Catalunya y cuyos padres nacieron hace una eternidad en algún lugar considerado lejano por el imaginario local.

“Pues aqui te envio otra que me dicen muy a menudo y me pone de los nervios -me ha escrito Ikram-:

- Ayyy qué bien hablas español

- Sii… (contesto yo, que llevo toda mi vida aquí)

Respuesta (después de mirarme bien)

- Eso es que ya eres de aquí no, vaya que eres más de aquí que de allí...

Imagínate la cara que se me queda!!!”

Mi amiga sigue narrando:

“Pues de estas tia tengo unas cuantas.. y me pasa muy a menudo también cuando hablo en catalán. Todo va bien hasta que saco el DNI para pagar con tarjeta… jajaj me hacen una gracia… aunque salgo con la cara traspuesta cuando pienso: pero qué conversación tan inútil acabo de tener!!!”

“Aunque tengo que decir qué ultimamente, en vez de decir qué nombre tan raro, me dicen: Qué nombre tan original, ¿de dónde es?!!! jajaj”

Está claro: incluso l@s mejores intencionad@s nos llenamos la boca con la nueva ciudadanía, con las nuevas españolidades, con las identidades líquidas y todo lo demás. Pero las teorías hay que aplicarlas y la barrera sigue estando ahí, recordándole a todas las Ikrams que no las consideramos de aquí, aunque les exigimos constantemente que ellas sí se sientan de aquí.

Y eso, en el mejor de los casos…

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