Kamel el Harrachi: Europa en estado puro
Hace unos meses tuve la suerte de colaborar intensamente con Fermin Muguruza en la preparación de una serie documental sobre la música que se hace en los países denominados árabes y que, sobre el terreno, son mucho más que eso.
El panorama musical que descubrimos en Argelia nos dejó poco menos que desolados.
Cuando se estudia el siglo XX en la música argelina, se descubre una vitalidad, una fuerza de innovación y una variedad fascinantes. Los últimos años de la colonización francesa (que se extendió más de un siglo, de 1830 a 1962) generaron una serie de factores que la cultura, esta gran oportunista, supo utilizar para crecer en unas direcciones profundamente particulares y ricas. Porque, estimulada por la presencia de esta madrastra cruel que era Francia, por los procesos migratorios de españoles hacia Argelia, por la presencia de la Marina Americana en las costas argelinas y por la extraordinaria diversidad cultural presente en la propia población autóctona del país (árabes y amazighs, musulmanes y judíos, añadidos a los cristianos pieds-noir, como se conocía a los franceses nacidos en el norte de África), la escena musical argelina dio unas generaciones de músicos descomunales, las influencias de los cuales aún perduran. Ahmed Wahbi, por ejemplo, fue uno de los representantes, junto con Blaoui Houari, del estilo waharani, la música urbana de Orán, y autor de un tema mítico “Wahrane, Wahrane”, retomado por Khaled a su disco “Sahra”. Salim Halali, autor de “Sidi Habibi”, tema versionado, entre muchos otros, para Mano Negra en el disco “Putas fever”, o Mohamed Mazouni, autor de “Écoute-moi mon camarade”, versionado por Rachid Taha en “Diwan 2″, fueron hijos de este mundo particular e irrepetible. Como también lo fueron Maurice el Medioni, Reinette la Oranaise, Cheikha Rimitti, Bellemou Messaoud, Slimani Azem y tantos otros.
Entre estos nombres existe otro igualmente importante: el de Dahmane el Harrachi. Su estilo era el chaabi, canción popular urbana surgida en Argel a principios del siglo XX de la mano del Haj Mhamed el Anka. Sobre el chaabi argelino existe un documental reciente, firmado por Safinez Bousbia, que ha supuesto la revitalización de la Orquesta El Gusto, reivindicada como lugar de encuentro de argelinos musulmanes y judíos, y dirigida por Abdel Hadi Halo, hijo del Haj Mhamed el Anka. Este chaabi toma las bases clásicas de las formas andalusíes y añade textos poéticos. Una voz, un laúd, un poema y Argel. Es importante no confundir este estilo con el chaabi marroquí, que es el término que se utiliza en ese país para hablar de música folk. Dahmane el Harrachi es conocido (mínimamente) en Europa por ser el autor del tema “Ya Rayah”, versionado de manera brillante por Rachid Taha en aquel mítico primer “Diwan”.
Este es el panorama que encontramos en una primera visión de la música en Argelia en el siglo XX. Un mundo del que no queda nada. Tras la independencia, en 1962, los judíos y los pieds-noir salieron del país por miedo (fundado o no) de las represalias. En 1948 se había creado el estado Israel, lo que minó completamente las relaciones entre las comunidades judías, cristianas y musulmanas de los países dedos árabes. Tras unas décadas de euforia por la independencia (qué palabra, ésta, in-dependencia, y qué idea de creer que algún país puede ser no-dependiente de otros en el siglo XXI), Argelia, empujada sin tapujos por el antigua potencia colonial, fue cayendo en pozos de miseria (y no sólo material) de los que aún intenta salir. Actualmente la riqueza musical ha desaparecido. Los jóvenes luchan por encontrar su lugar entre el rap y el rock, los adultos se dedican al chaabi menos comprometido ya la canción amazigh sin discurso político. En la música de bodas, intensa pero vacía de intención transformadora. Las excepciones buscan maneras de huir de un país que los censura las canciones y les impide un futuro. Huir ¿dónde? A Francia.
La música argelina que se hace en la actualidad se hace en Francia, no en Argelia.
Si miramos, pero, de cerca las biografías de los músicos antes citados, y de todos los otros grandes nombres de aquellas generaciones brillantes, casi todos y todas pasaron por etapas de exilio. Francia. El Harrachi se exilió e hizo la mayor parte de su carrera en París, Salim Halali vivía en Francia en el momento de la ocupación nazi, siendo él, recordémoslo, judío, Slimane Azem dedicó la mayor parte de su repertorio al tema de la migración, Cheikha Rimitti se hizo su nombre en los cafés de Barbés, Khaled, Mami, Rachid Taha, Souad Massi, todos y todas surgen de Francia, no de Argelia. Y, sin embargo, seguimos hablando de música argelina, no francesa. Incluso músicos nacidos en Francia, como Faudel, son etiquetados como argelinos o, en el peor de los casos, como franceses de origen argelino, marcando la diferencia entre los franceses “de verdad” y los que tienen pasaporte pero no lo serán nunca del todo.
Kamel el Harrachi, hijo de Dahmane el Harrachi, ha seguido este esquema vital a lo que parecen condenados los músicos de la Argelia “independiente”: esperar el visto bueno de la metrópoli para poder existir. En 1994 emigró a Francia y durante 15 años ha sido cantando el repertorio de su padre para cafés y festivales hasta que en 2009 grabó su primer disco, “Ghana Fenou”. En Francia, desde Francia. Un repertorio familiar que él revitaliza, que pasa por su filtro de hombre contemporáneo para darle una nueva existencia.
La pregunta que nos queda aire viendo las historias paralelas de los dos Harrach, viendo que la vida cultural de Argelia sigue pendiente de los designios de la metrópoli, es doble. Por un lado nos preguntamos cuando Argelia conseguirá vivir por sí misma, no sólo sin injerencias externas sino con el compromiso de una Europa que ha contribuido de forma activa a su hundimiento. Por otra parte, entendiendo que la música llamada argelina lleva más de un siglo haciendo en Francia, nos preguntamos cuando esta música comenzará a reconocerse como música francesa. Cuando conseguirá la ciudadanía completa. Cuando nos dejarán de vender esta música como “música del mundo”, esquivando el puesto real de origen, obviando que son precisamente las relaciones con la metrópoli, que le han dado razón de ser y que le dan efectivamente el permiso para ser. Cuando dejaremos de creer que la música francesa es otra cosa y que la música de todos estos hombres y mujeres que han vivido marcados por Francia y que han hecho desde allí su obra es algo ajeno a una europeidad que ya no es ni siquiera mestiza.
Es, si acaso, una identidad europea nueva, pero real y absolutamente esencial.

Este trabajo de Brigitte Vasallo tiene licencia de Creative Commons Attribution-Noncommercial 3.0 Spain License.
El artículo se publicó originariamente en la revista Sons de la Mediterrània.
Tags: Abdel Hadi Halo, Ahmed Wahbi, Bellemou Messaoud, Blaoui Houari, chaabi, Cheikha Rimitti, Dahmane el Harrachi, Faudel, Haj Mhamed el Anka, Kamel el Harrachi, Maurice el Medion, Mohamed Mazouni, music amazigh, música árabe, musica argelina, musica oriental, musica popular, Orquesta El Gusto, rachid taha, Reinette la Oranaise, Safinez Bousbia, Salim Halali, Slimani Az

