La inmigración como factor hereditario

Written by Brigitte Vasallo. Posted in La inmigración como factor hereditario, Migraciones

ignorancia el rotoCada vez que oigo o leo la expresión “inmigrantes® de segunda generación” me entran ganas de coger la maleta y huir. Cómo será mi estado de ánimo hoy, después de haber leído que la Generalitat valenciana prepara un plan 3G contra la xenofobia. 3G, significa 3 generaciones de inmigrantes. Padres, hij@s y niet@s. Desolada, así estoy.

Empecemos por el principio: la inmigración no es genética, ni es fungible, no es un cargo ni un título nobiliario: no se puede heredar.De hecho, ni siquiera es un estado, ni una cualidad de la persona: es un proceso. Se inicia cuando la persona plantea su futuro en un lugar distinto al que ha nacido, perdura durante el traslado y termina en el momento en que la vida de la persona migrada no está determinada por ese proceso, cuando el proceso ya no es central, sino una circunstancia más en su historia vital. Por eso mi recomendación siempre es hablar de “persona en proceso migratorio” (“personas en procesos migratorios”) durante el momento del proceso, y ciudadano/a una vez concluido. Ciudadano y ciudadana, sin distinción de lugar de nacimiento, de color, de religión…

Para que el proceso se dé por cerrado son necesarios tres factores: que la persona quiera cerrar su proceso y no se quede anclada en la identidad migratoria; que la persona pueda cerrarlo, que tenga los recursos psicosociales para hacerlo, y que la sociedad de acogida le permita cerrarlo.

Cuando llamamos a alguien inmigrante® de por vida lo estamos encerrando en un proceso que se perpetúa. Cuando llamamos inmigrantes® a sus descendientes, hij@s ¡y niet@s! estamos negándoles la plena ciudadanía a personas nacidas, crecidas y educadas en el territorio que los discrimina. Es más, los estamos obligando a identificarse más con un pasado familiar que con un presente social (¿os suenan los coches quemados en las barriadas francesas?).

Crear planes contra la xenofobia hacia las terceras generaciones es de un absurdo pasmante: nada más xenófobo que considerar que alguien necesita hasta 6 apellidos “puros” para ser considerado nacional de pleno derecho.

Y aún quedan dos cuestiones pendientes: la primera, estas expresiones eliminan del mapa las parejas “de pasaporte diverso” (las también llamadas “parejas mixtas”). La segunda, esta idea redunda en el mito de la identidad nacional invariable, eterna y, posiblemente, inmejorable. Una identidad que ni se alimenta ni sirve de alimento a nadie: muerta e inútil, sin ir más lejos.

Tiraría encantada de estos hilos en los próximos posts, pero hay un tema más urgente que me corroe: las condiciones laborales de los repartidores de pizza ahora que ir por la calle con casco estará prohibido gracias a la ley del burka.

PD: Por si os sabe a poco, os dejo enlazado un artículo anterior, también sobre ciudadanías de dudosa calidad (aquí).

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