Pop iraní o el pantalón de campana como medida
Se anuncia la llegada a España de un disco que recopila el pop iraní de los años 70 y 80 (del siglo XX). Veo la portada de este disco y me imagino los comentarios: ¡Caramba! ¿Cómo podían estar tan evolucionados hace unos años y tan atrasados ahora?
Ese pensamiento surge de dos errores. El primero es pensar que los pantalones de campana representan algún tipo de evolución positiva, cosa que dudo. Que un mundo de gente vestida con tejanos es necesariamente mejor. Dicho así, hace gracia, pero el tremendo debate sobre el hijab surge precisamente de esta idea. Pero hay un segundo error que nos lleva a creer, desde el pensamiento eurocéntrico, que la Historia es una línea recta que parte de las cavernas y que llega hasta nuestro aquí y ahora. A nivel matemático el discurso es: vinieron los 60, luego los 70, después los 80, los 90… y a nivel histórico-cultural es: vino la cultura yeyé, luego el flower-power, después las hombreras, y luego Kate Moss. Y entendemos que Kate Moss significa un paso adelante de la humanidad respecto a las hombreras, y que todo el mundo pasará por los mismo estadios para llegar a los mismos sitios.
Es una trampa: la Historia no es una línea, y mucho menos recta. La Historia son infinidad de historias dibujadas con líneas curvas, que se cruzan, entrechocan, se unen, se alimentan y se desafían. El futuro no siempre es mejor que el pasado; es más: ni siquiera nos ponemos de acuerdo en qué significa mejor, y qué significa peor.
Esta portada lo demuestra: Irán ya fue pop. Fue, dejó de serlo y tal vez lo será de nuevo. Pero, en cualquier caso, no es que no haya llegado: es que ya se fue.

