Yo soy mía: una historia de hijab y minifalda

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Hijab: velos y ciudadanías, Islam, Migraciones, Racismo, velos, Yo soy mía: hijab y minifalda, Yo soy mía: hijab y minifalda

another-fashionCuentan los periódicos que esta misma semana dos chicas han sido castigadas en España por su forma de vestir. Una de ellas ha sido expulsada de una procesión en Granada por llevar una minifalda que las cofrades mayores consideraron demasiado corta. Posiblemente el argumento nos parece anticuado como poco, propio de personas que viven en un mundo donde la virginidad aún se paga y hay que proteger a la juventud de las tentaciones de la carne.

La segunda ha sido expulsada de un examen en su instituto por llevar hijab. Dice la dirección del centro que tal atuendo puede esconder un dispositivo electrónico para copiar (una chuleta, vamos). Y, por supuesto, siempre con el tema de la liberación de la mujer rondando (que si la chica es española, que si sus padres no la han obligado…)

Por muy variopintas y  folclóricas que sean las explicaciones, ambas noticias se apoyan en la misma base: nuestros cuerpos femeninos (y, por lo tanto, ofensivos) no son nuestros: pertenecen al conjunto, al entorno. Y el entorno es responsable de lo que hagamos con ellos, más incluso que nosotras mismas.

En los tiempos del remilgo el entorno obligaba al recato; en los tiempos de la liberación, el entorno obliga al destape. No hay más. Nuestra libertad se limita a ser lo que los demás quieren que seamos. Cualquier cosa, menos nosotras mismas.

Nunca nadie dijo que la personalidad fuera una cualidad femenina.

 

Enlaces:

El País: Una joven de 14 años expulsada de un exámen por llevar hijab.  

El Mundo: Echan a una niña de una procesión por llevar la falda ‘demasiado corta’

Perder el Norte: Hijab, velo y ciudadanía 

 

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Retos migratorios: los británicos y el burka

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Migraciones, Retos migratorios: los británicos y el burka, velos

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(c) The Guardian – Alamy

Como respuesta a los últimos posts sobre inmigración, mi amigo Eduardo Retamero  nos envía esta delicia: un artículo de The Guardian que  explica con claridad que la comunidad británica residente en España no tiene intención alguna de integrarse. 

Para seguir adelante deberíamos pactar el término “integración”. El post anterior se ilustraba con una viñeta del El Roto que representaba a dos inmigrantes bailando la jota. No hace falta llegar a ese extremo: tal vez aprender el o los idiomas locales ya lo podríamos considerar un buen indicio de “integración”.

Los británicos, dice The Guardian, son “el mayor contingente de extranjeros en España y el 2% de la población”.

Y continua: “La imagen popular de expatriados británicos es la de los jubilados solitarios viendo Eastenders o en la televisión por satélite, el Daily Mail en su regazo, una copa de vino barato en el codo y un desayuno completo inglés en su vientre o la de los jóvenes fiesteros amantes de la bebida y del fútbol. El informe anual de todos los consulados de Gran Bretaña en todo el mundo en parte apoya esta imagen: España encabeza la lista en el número de muertes de expatriados (1,786) y detenciones (2,012)”.

“El periodista Benny Davis, quien escribe para el periódico de expatriados,  EuroWeekly, dijo: Los británicos tienden a vivir en una burbuja. Con más y más información disponible en inglés, hay menos razones para aprender español y, en consecuencia, menos oportunidades de entender la cultura local. Muchos residentes no hablan más de 10palabras en español en una semana promedio  y que se enorgullecen de ir tirando“.

Podemos abrir muchos debates a partir de esta nota. Yo propongo esta línea:

Si los británicos representan una parte de la población tan importante, ¿por qué no genera ningún tipo de alarma social ni su presencia, ni su actitud? ¿Por qué nos alarma más 1 burqa que 2.012 británicos detenidos en un año?

Mi respuesta, o una de ellas, es que el burka huele a pobreza y los huevos revueltos con salchicha huelen a riqueza. Y no queremos vernos invadidos por la pobreza.

Por lo tanto, el debate no es sobre la integración. Nos importa un comino (a grandes rasgos) la integración. El debate de la inmigración, como todos los debates, es sobre la riqueza. Somos así de previsibles.

 

 

 

 

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Hijab, velo y ciudadanía

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Islam, Migraciones, velos

(c) Sofia Servando Baig

Cuando hablamos de velo no hablamos de inmigración: hablamos de esencia.

En el discurso de un Nosotros en perpetua construcción, un hijab no debería ser ni más extraño ni más amenazante que un vestido de fallera.

Hace un tiempo fui invitada a unas jornadas sobre interculturalidad y género organizadas en la Facultad de Pedagogía de Barcelona por Gredidona.

Se trataba, en mi caso, de hablar del hijab (el velo musulmán).

El tema del velo aparece de manera recurrente en nuestras conversaciones, en nuestras noticias, en nuestro debate político. Y no logramos acabar de resolverlo porque situamos mal el debate.

Hablamos de velo e inmigración. Del velo como un elemento extraño que acaba de llegar a “nuestro” país (si es que hay países de alguien, que diría Jaume Sisa). Un elemento que debemos decidir si incorporamos a nuestro mundo, o no.

Si el debate es éste, qué debe entrar en “nuestro” país, lo que estamos definiendo por oposición es quiénes somos.

¿Quiénes somos? ¿Qué somos?

Podemos ser, como sociedad, algo definido, cerrado, elaborado posiblemente a partir de la historia del territorio (la historia que escriben los ganadores), de sus mitos fundacionales, de sus leyendas, incluso de sus anhelos y totalmente indipendiente de los ires y venires de la población real que habita ese territorio. Es el modelo social que propone Francia: la asimilación. Francia es, y quien quiera sumarse que se atenga a ser así. La definición exacta de cómo debe ser alguien para participar de esa idea de Francia nunca se ha escrito claramente en ningún sitio, pero seguir un poco de cerca la realidad social en la Francia de los banlieus da una idea aproximada.

El resultado de esta política son varias generaciones de personas nacidas en Francia que no logran convertirse en franceses de verdad. El resultado es, pues, una sociedad compuesta por ciudadan@s… y  ciudadan@s de segona: “chusma”, como bien lo definió Sarkozy, totalmente traicionado por su subconsciente.

El engaño está al principio mismo del planteamiento: el debate del velo no debe situarse en el contexto migratorio ni en el marco de una sociedad de esencias inamovibles.

Obviemos el hecho de que hay muchas mujeres nacidas aquí que llevan velo. Por tradición familiar o porque les da la gana. Si las consideramos ciudadanas con plenos derechos (nacidas, educadas, crecidas aquí), el debate sobre cómo visten no ha lugar. Visten como quieren. Lo mismo que hago yo, sin ir más lejos.

Pero lo más interesante del debate está en las muchas mujeres que no han nacido aquí pero que sí deben considerarse ciudadanas de aquí. No sólo por estar nacionalizadas (trámite administrativo al fin y al cabo) sino por estar viviendo, trabajando, pensando aquí. Por formar parte de lo que somos, sea lo que sea lo que somos.

Las sociedades, como las personas, no somos: nos hacemos. Si somos algo, es puro devenir. Construcción.

Una mujer con velo, para aquellas que no lo llevamos, nos remite a la idea de Los Otros. El elemento extraño que se incorpora, que se yuxtapone al Nosotros. Pero este Nosotros, por definición, debería incluirnos a tod@s. Nosotr@s somos l@s que estamos aquí y ahora. La esencia española es el resultado de la suma, no de la resta, de todos y todas los que estamos.

Y eso incluye a mujeres con velo, nacidas o no aquí.

Cuando hablamos de velo no hablamos de inmigración, hablamos de esencia. Y, visto así, un hijab no es ni más extraño ni más amenazante que un vestido de fallera.

Tratar sobre el tema desde otro lugar nos lleva, como si fuésemos pescados hambrientos, a mordernos la cola. Porque entender que hay un Nosotros que no nos incluye a tod@s, significa que aquí y ahora vivimos personas que somos, y personas que no son. Ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho, y Otros. Ciudadanía de segunda. Racaille. Chusma. Y que lxs que somos tenemos el derecho a cuestionarles la ropa, la identidad, la espiritualidad, a los que no dejamos que sean.

 

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Este trabajo de Brigitte Vasallo tiene licencia de Creative Commons Attribution-Noncommercial 3.0 Spain License.

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