Yo soy mía: una historia de hijab y minifalda
Cuentan los periódicos que esta misma semana dos chicas han sido castigadas en España por su forma de vestir. Una de ellas ha sido expulsada de una procesión en Granada por llevar una minifalda que las cofrades mayores consideraron demasiado corta. Posiblemente el argumento nos parece anticuado como poco, propio de personas que viven en un mundo donde la virginidad aún se paga y hay que proteger a la juventud de las tentaciones de la carne.
La segunda ha sido expulsada de un examen en su instituto por llevar hijab. Dice la dirección del centro que tal atuendo puede esconder un dispositivo electrónico para copiar (una chuleta, vamos). Y, por supuesto, siempre con el tema de la liberación de la mujer rondando (que si la chica es española, que si sus padres no la han obligado…)
Por muy variopintas y folclóricas que sean las explicaciones, ambas noticias se apoyan en la misma base: nuestros cuerpos femeninos (y, por lo tanto, ofensivos) no son nuestros: pertenecen al conjunto, al entorno. Y el entorno es responsable de lo que hagamos con ellos, más incluso que nosotras mismas.
En los tiempos del remilgo el entorno obligaba al recato; en los tiempos de la liberación, el entorno obliga al destape. No hay más. Nuestra libertad se limita a ser lo que los demás quieren que seamos. Cualquier cosa, menos nosotras mismas.
Nunca nadie dijo que la personalidad fuera una cualidad femenina.
Enlaces:
El País: Una joven de 14 años expulsada de un exámen por llevar hijab.
El Mundo: Echan a una niña de una procesión por llevar la falda ‘demasiado corta’
Perder el Norte: Hijab, velo y ciudadanía
