Dj Cinnamoon, oriente en cualquier esquina
Hace un par de días recibí un mail escueto que me proponía visitar un link “que creo te puede resultar interesante”, decía. Por supuesto, cliqué, e inicié un viaje del que aún no he logrado regresar.
El lugar que estoy visitando, el proyecto-universo que me tiene atrapada desde entonces, se llama Dj Cinnamoon.
Vamos a la parte alucinante… pero fácil:
Dj Cinnamoon es el universo imposible e innegociable de un dj cartagenero especializado en cintas de casete. Brutal. Cintas, además, provenientes en buena parte de un Oriente que incluye a armenios, judíos, griegos, asirios y anatolios, entre muchos otros y otras. Descomunal.
Se suman aquí, por lo tanto, mucho amores: el kitsch, la frontera y la transculturalidad. Y la música, sin duda. Elementos más que suficientes para hacer de este proyecto una propuesta interesante.
Pero aún hay más: esta es, como digo, la parte fácil. Lo difícil es explicar por qué Dj Cinnamoon es diferente a los otros proyectos musicales kitsch fronterizos que he visto hasta ahora (y que incluyen, por ejemplo, el universo cleopátrico de Natacha Atlas).
Dj Cinnamoon añade un elemento trangresor que es la mirada que propone con sus cintas de casete. Vamos por pasos:
Hay un oriente mítico y estéril que es el oriente del embrujo, de la sensualidad, la magia y las mil y una noches. Y también, otra cara de la misma moneda, el oriente de “lo auténtico”, los valores eternos, la tradición, los tatuajes de henna y la sabiduría ancestral. Un oriente inventado para uso y disfrute del observador. Pero ese Oriente no existe. Y el problema no es el mito, sino que el mito se ha instalado en las cabeza con categoría de realidad. Ese mito sensual y mágico, tan alejado de la vida corriente y del ser humano real, se ha constituido en base de conocimiento para entender a personas y vidas que sí son reales. Cuando viajamos a Beirut esperando encontrar autenticidad y sabiduría y nos topamos con las pijas ultraoperadas nos llevamos una decepción. O cuando viajamos a El Cairo esperando encontrar Aladinos y odaliscas y topamos con jóvenes alternativos enganchados a las redes, nos llevamos otra decepción. No podemos mirar al Otro a la cara y preguntarnos quién es, de tan convencidos que estamos a priori de saber quién debe ser. No estamos capacitados para conocer.
Dj Cinnamoon, de alguna manera, parece limpio de mito. Y, cuidado, su mirada no es neutra, y mucho menos su estética. Ultra pop, descaradamente kitsch, conjugando narguiles y surtidores de gasolina, neones y faraones, disfruta con la expresión una estética extrema, pero en ningún momento su mirada es exótica.
¿Cuál es la clave? Tal vez sea esta: en la explicación que da en inglés de su proyecto (desgraciadamente la frase se pierde en la versión castellana), escribe: “las cintas de casete tiene un significado especial para mi en tanto que son iconos post-industriales de la clase trabajadora”.
Ahí está: DJ Cinnamoon ha comprendido lo que muchos arabistas, escritorxs, intelectualxs, han olvidado: que no hay un ellos y un nosotros, que el otro no existe. Que una cinta de casete en una gasolinera del Alto Atlas puede tener el mismo significado que una cinta de casete de una gasolinera del bajo Aragón. Dj Cinnamoon no compra sus casetes intentando descubrir un misterio. Él sabe que no hay misterio alguno, sino vida. Y la vida se comprende desde la vida, no desde las películas, ni desde los mitos.
Un último ejemplo: su clasificación de la música. ¡Cuántas veces me he peleado con comentaristas musicales que son incapaces de clasificar un disco venido del mundo árabe como rock! Por mucho que sea obviamente rock, el nombre del músico no les deja. Se les atraviesa: el Otro no puede hacer rock, porque si lo hace, ya no sé qué hago yo.
Dj Cinnamoon debe saber bien qué hace, porque no lo duda: Seventies, Pop, y Pop-Folk, y bajo esas etiquetas clasifica, por ejemplo, ”el heterogéneo Irán de los años setenta, el idealizado Beirut previo a la desestabilización militar de Líbano, la reinterpretación en clave psicodélica del repertorio tradicional turco y otros fenómenos musicales vinculados a procesos de éxodo rural de la época”.
Así de fácil. Así de inusual.
Más info:
Tags: mundo arabe, música árabe, orientalismo
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Comments (2)
Ricard Parise
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uffffffffffffffffffffffff, me mueroooooooooooooooooooo¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
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ripnsarani
| #
Qué pasa con Natacha Atlas ?
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