Don Bigg: marroquí hasta la muerte
Y, de repente, se hizo la luz. Después de los años oscuros en que el único futuro posible cruzaba el estrecho rumbo al norte, los jóvenes marroquís empiezan a plantearse, a creer que otro Marruecos es posible. ¿Lo es? Si la música es el reflejo de algo y lo que sucede en los escenarios se fragua en las calles, otro Marruecos no sólo es posible, sino que está siendo ya.
En un país sin salas de ensayos, sin circuitos de conciertos de repente se organizan festivales multitudinarios; los cibercafés y las omnipresentes parabólicas convierten el mundo en pueblo y los jóvenes marroquíes encuentran su clan: la juventud como movimiento social, específico, la juventud como acto cultural en sí misma. Atrás (o en paralelo) quedan las galas televisivas de los sábados por la noche, donde la cadena nacional consagraba a veinteañeros disfrazados de mayores, tan cándidos, tan respetuosos, tan aburridos, cantando por millonésima vez los clásicos egipcios. ¡Se acabó! De repente, Don Bigg, Darga, Fnaïre, H-Kayne y una chica, Oum, entre muchos otros, se lanzan a cantar, desmelenados, vestidos XXL, reivindicando no la negrez, pero al menos sí la “morenidad” (hace unos años todas las cantantes marroquís eran rubias) orgullosos de su origen y defendiendo,¡por fin! su idioma: el darija, el llamado, a veces despectivamente, dialecto marroquí. Todos ellos tienen influencias musicales americanas: el reggae, el r&b, el dub, el rap que unido al sustrato rítmico de su tierra dan resultados diversos y muy personales, como lo es el rap desnudo, conciso y un poco socarrón de Don Bigg, uno de los personajes más carismáticos de la nueva hornada de músicos. Si bien su escuela oficial es la Facultad de Derecho donde cursa estudios, su escuela vital es el barrio de Hay Mohamadi, suburbio de Casablanca donde nacieron, por ejemplo, los grandes Nass el Ghiwane, grupo de referencia del rock contestatario africano. “Un barrio sencillo de gente sencilla y amable donde nací dentro de una familia normal y corriente. Crecí escuchando la música de Elvis Presley, de Withney Houston, de Jackson Five. A principios de los 90, empezaron a llegar cintas de rap americano que nos pasábamos de mano en mano entre los amigos. A pesar de la influencia cultural francesa, yo soy mucho más hijo del rap americano que del francés”.
Hijo del rap americano sin embargo reivindicándose, tanto él como los demás grupos, como 100% marroquís. “La música que se hacía aquí antes era realmente mediocre, repetitiva y nadie conseguía identificarse con ella. Así que se instaló la idea de que las músicas venidas de otros lugares (Estados Unidos, Francia o Oriente Medio) eran siempre mejores. Cuando empezamos a hacer nuestra música, los de la nueva generación quisimos… ¡queremos! precisar que aquellos tiempos han sido superados, que actualmente se puede ser marroquí y sonar bien. Eso sí, escénicamente, ¡no hay nadie como el gran Jay Z! (ese tío tiene carisma…)”. La teoría es buena, sin embargo ¿cómo se reivindica una música 100% marroquí en un país sin industria musical, sin estudios de grabación, ni discográficas, ni distribuidoras, ni salas de ensayo? “Tenemos que buscarnos la vida, tenemos que hacerlo todo desde el principio. Yo lo dije una vez: no estoy en el rap para hacer dinero, pero tengo una cosa clara y es que cuando estoy en el estudio, soy un rapero y paso de la pasta, pero cuando salgo del estudio, soy un hombre de negocios; tengo mi propio sello discográfico y quiero crear mi propio circuito de distribución”.
Su primer disco, Mgharba ‘tal moute (“Marroquís hasta la muerte”) contaba con la colaboración de compañeros generacionales como Dj Van, Dj Key y Fnaïre. Su nuevo trabajo Joumhuri ihkam, grabado en sus propios estudios y mezclado en Canadá, aparecerá a principios del 2009. “Es un trabajo más diverso musicalmente, más maduro y aún más personal. Un disco que habla de la vida, de la política, de la calle, de los problemas y las lacras sociales y culturales, pero también del amor y del odio, de la pobreza, de los sueño… y de la ignorancia, que es lo único que puede destruir a una civilización. Espero venir a presentarlo en España, donde el público ya ha recibido muy bien el directo de Magherba ‘tal moute … aún sin entender las letras. No hay que subestimar el feeling que comporta la música. Mucha gente aprecia el rap americano sin necesariamente entender las palabras pero sienten el feeling, la energía. Eso es lo que yo intento hacer con el rap marroquí, que en ese sentido es una música perfectamente exportable y que está funcionando muy bien”.
Publicado en la revista Ritmos del Mundo en abril de 2009
Tags: música árabe, musica marroqui, nayda, rap arabe, rap marroquí
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