La mezquita de París salvó vidas judías

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Argelia, Islam, Islam y judaísmo, Lugares, Músicas, Norte de África

Hoy se cumplen 70 años de la rafle du Vel’ d’Hiv  durante la cual 13.152 franceses y francesas judías fueron arrestadas por la policía francesa y llevadas de camino a los campos de exterminio nazis.
Durante esa etapa de la historia francesa, espinosa etapa, sucedió un hecho que ahora recoge la película Les Hommes Libres, de Ismael Ferroukhi: la mezquita de París, a través de su director Si Kaddour Ben Ghabrit, procuró papeles falsos y protección a numerosas personas judías, salvándolas de la deportación. Conciendo un poco la tradición musulmana y la sociedad que existía en aquel momento en el norte de África el hecho no es excesivamente sorprendente: valiente, claro, pero lógico. La propaganda nació después, esa propaganda que nos contamina y nos hace creer que el islam y el judaísmo son mundos irreconciliables, enemigos acérrimos … y no parte de una misma revelación, culturas de raíz común que se han alimentado mutuamente durante siglos. Los judíos que salvó la mezquita de París era judíos árabes y amazigh, argelinos y marroquíes como cualquier otra persona, migrantes. La mezquita protegió a su propia gente, y lo hizo asumiendo un alto riesgo. Recordar ese vínculo es importante en estos tiempos de polarización, cuando se nos martillea insistiendo que el conflicto en Israel y Palestina es un conflicto religioso, étnico, cultural, casi tribal en ocasiones, en lugar de reconocer que es un conflicto político con Europa en su centro mismo.

Si os gusta la música, uno de los ejes conductores de la película es la historia del magnífico Salim Halali, músico argelino que vivió en primera persona esta historia. Una pena, eso sí, que al bellísimo Mahmoud Shalaby le quede un poco grande el personaje, y que no se hayan utilizado grabaciones originales del incomparable Halali.

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La música no tiene patria (ni falta que le hace)

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Argelia, Música (s) árabe (s), Músicas

bandera de argelia

(c) mimundo.org

En todas partes se dan malentendidos culturales, en todas partes crecen los prejuicios y despuntan los estereotipos. En Cataluña se entiende por rock todo aquel que se hace en catalán, en castellano o en inglés. Si haces rock en árabe recibes la etiqueta de world music y tu rock empieza a escucharse como se escucha una música tradicional venida de un lugar lejano y mítico. Te quedas así en una especie de tierra de nadie: demasiada guitarra eléctrica para la escena de la música tradicional, demasiado árabe para el mundo del rock.

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El día que murió Rimitti

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Argelia

El pasado 15 de mayo falleció en París la gran Cheikha Rimitti, la última representante del primer rai, la ultima de sus creadoras. Tenia 83 años, un nuevo disco y dos noches antes había estado dando un concierto.

cheikha rimitti en conciertoLa primera vez que vi en directo a la Cheikha Rimitti fue al aire libre, en un concierto gratuito en la plaza Real de Barcelona, microcosmos que combina el botellón, la acampada libre y los bares de diseño, que aquella noche se pobló de magrebís fascinados, de jóvenes hermosos encaramados a las palmeras, a las farolas, y de catalanes alucinados ante tanta expectación. Y apareció ella: vestida de negro, con una corona de oro recogiéndole la cabellera negra, surgiendo como una diosa entre el humo artificial, absolutamente sublime. “¡Que dios te bendiga!”, le gritaban, ¡Y que dios bendiga a tus padres!; ella bailaba y respondía con una sonrisa altiva y seductora, triunfante: pasaba entonces, y de largo, los 70 años.

Rimitti nació llamándose Saida, siendo mujer, completamente pobre, en una Argelia colonizada; muy pronto quedó huérfana y se convirtió en una “niña de la calle”. No era, como dicen, prostituta, aunque se prostituyese, ni era cantante, aunque cantase: Saida era una superviviente, y en ese sobrevivir descubrió los cabarets oraneses en un momento clave, cuando la gente, los hombres que habían huido de los pueblos para buscar una vida mejor en la ciudad, se habían quedado sin música que cantase unos dolores que les eran nuevos y que las músicas ya existentes no podían expresar: los dolores del emigrante, la pena del desarraigo, la tristeza de las ciudades tristes. Así nació el rai y así se convirtió Saida en Cheikha Rimitti. “Cheikha” como guiño, el mismo que hace llamar marquesa a la dueña de un prostíbulo, y que las nuevas generaciones de cantantes no se han atrevido a utilizar, quedándose en un discreto “chebba” (joven); “Rimitti” por “remettez”: rellenad, volvedme a llenar la copa de vino. Le cantaba al sexo, al alcohol, al tabaco, a los hombres guapos y las mujeres promiscuas, sin tapujos, sin hipocresías y sin metáforas.

Toda su vida está llena de revueltas: se peleó con los colonizadores franceses y posteriormente con el Frente de Liberación Nacional; se peleó con los integristas, se peleó con sus herederos” musicales, a los que acusaba de robarle las canciones, se peleó con Robert Fripp de King Crimson y con Flea, de los Red Hot Chili Peppers cuando, a los 71 años, grabó con ellos el disco “Sidi Mansour”, un disco de ventas millonarias que la convirtió en estrella internacional pero del que renegó totalmente: dijesen lo que dijesen, vendiese lo que vendiese, a ella no le gustaba.

Como ser humano brindo por su música, por su simpatía, por su fuerza, su carisma; pero como mujer brindo por ella: para agradecerle la ferocidad, la mirada implacable, la coherencia, la sinceridad de los gestos, la fidelidad a sí misma, a su pasado y a su discurso: toda una referencia, un mito, para aquellas mujeres que no nacimos para ser princesitas, ni para ser niñas buenas. Una vez mas ¡viva Rimitti!

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Publicado en la revista Batonga! en junio de 2006.

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