Abdelhalim Hafez (Egipto, 1929, 1977) es el nuero que todas las madres sueñan, el héroe romántico de todas las historias de amor triste. Un hombre guapo, eternamente joven por culpa de una muerte prematura, con una voz melodiosa y un enorme despliegue de medios que hicieron de él el novio impecable del mundo árabe.
Abdelhalim Hafez, niño huérfano, logró abrirse camino en una época difícil, pues coincidió en el tiempo con los 3 grandes cantantes de la música árabe: Oum Kelthoum, Farid el Atrache y Mohamed Abdelwahab. Brillar al lado de semejantes monstruos no era una tarea sencilla, sin embargo Abdelhalim supo encontrar su lugar. Opuso a la elegancia aristocrática de Farid el Atrache la proximidad y al virtuosismo de Mohamed Abdelwahab, un carisma arrollador.
El amor, el amor y el amor, siempre cantado desde la postura del héroe caído que los mitos sobre su vida contribuían a alimentar: prometido a una joven que murió justo antes del matrimonio, en continuo vagar con su dolor por el mundo y afectado de una enfermedad crónica, la esquistosomiasis, que acabó matándolo con apenas 48 años.
Cuenta la leyenda que hubo varios suicidios relacionados con su muerte.
Los grandes sabios de la música lo acusan de frívolo (son los mismos que acusan de populista a Oum Kelthoum). Aunque lo fuese, su frivolidad sonaba así:

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