Ayer asistí a la presentación del libro “Barraquisme, la ciutat (im)possible”, en la magnífica biblioteca Juan Marsé del indomable barrio obrero del Carmel de Barcelona.
Las barracas horizontales de la lustrosa ciudad olímpica se acabaron de borrar del mapa en los años 90, hace dos días, como quien dice. Se borraron del mapa físico de la ciudad pero también se borraron del mapa mental de esta nueva Barcelona que gusta tanto de esconder la miseria debajo de la alfombra y creer así que ya no existe. La misma que ahora, por cierto, quiere eliminar la prostitución de sus calles. Leamos bien: de sus calles. Quiere lograr que la prostitución sea invisible, aunque sea.
El acto de ayer no fue académico. La presentación del libro fue la excusa para que se juntasen, en una mañana soleada de primavera, un grupo de personas a explicar historias de vida. De vida mala pero real. Para recordar que el 7% de esta ciudad se levantó de manera autogestionada, en contra de los poderes que necesitaban a la chusma para trabajar pero que no querían que esa misma chusma les ensuciase las calles con su ruinosa presencia.
En aquella sala ayer se mostró por qué al poder no le gustan las asambleas. En cada mano que se levantaba entre el público demostraba qué sucede cuando las personas pierden el miedo a opinar, aprenden a narrar su propia historia y descubren que todas las experiencias tienen valor.
La grande baza del poder es dividirnos. Sólo hay una cosa peor que una persona que se niega a ser barrida bajo la alfombra: una persona que aprende de los males ajenos. Los y las vecinas del Carmel han logrado arrancar sus casas del lodo y ahora luchan por arrancar su memoria del olvido oficial. Pero todo lo que explicaron sigue sucediendo hoy en día. Ya no en carnes andaluzas sino senegalesas, ya no en barracas construidas sobre baterías antiaéreas sino en camas calientes y habitaciones realquiladas. Pero Barcelona sigue devorando a sus hijos e hijas.
Tenemos todas las lecciones a nuestro alrededor. Sólo falta aprenderlas y provocarle una buena indigestión a esta ciudad (a este mundo) caníbal.