Islamofobia: cuanto más cutre es el gobierno, más falsa es la campaña

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Apariciones en prensa, Entrevista en Naur8 - Gara

(Extracto de la traducción del artículo publicado en Naur8, suplemento del diario Gara, el 22 de noviembre de 2014)

Brigitte Vasallo

 

Eres mediadora intercultural. ¿que significa eso?

La mediación intercultural consiste en facilitar la comunicación entre personas o comunidades cuando ésta se encalla en malentendidos culturales. A menudo lo único necesario es demontar el entramado de prejuicios que nos impiden ver a la persona que está detrás de sus calificativos.

¿Cual es la situación que viven la mujeres musulmanas?

Más que preguntarnos sobre su situación deberíamos volvernos hacia nuestra mirada y preguntarnos qué entendemos por “mujeres musulmanas”, pues es una categoría tan inabarcable que solo tiene sentido hablar de ella desde la construcción de estereotipos. Cuando decimos “mujer musulmana” … ¿estamos pensando en una abogada malasia lesbiana? ¿O en una obrera china emigrada a Nueva York? ¿O una poeta francesa transexual? Posiblemente en ninguna de ellas, sino en mujeres que, a nuestros ojos, correspondan al estereotipo “mujer musulmana”: extranjeras, morenas, veladas, heterosexuales, casadas y sumisas. Pero esa “mujer musulmana” sin matiz alguno no existe. Todas las personas estamos cruzadas por multitud de ejes: edad, clase, raza, capacitismo, orientación sexual, contexto social, identidad de género… Es más: nuestro estereotipo de mujer musulmana está incluso racializado, de manera que en ese saco de “mujeres musulmanas” entran también las mujeres árabes cristianas, o las mujeres ateas de cultura musulmana.

 ¿Qué es la islamofobia? ¿Y la islamofobia de género?

La islamofobia es el odio hacia el islam o todo lo que tenga relación con el islam desde una concepción estereotipada y racializada del mismo. La comisión Runnymede determinó los 8 indicadores que utilizamos generalmente para acotar la islamofobia, y que incluyen, por ejemplo, creer que el islam es un todo homogéneo y compacto, pensarlo inferior a otras creencias, definirlo como esencialmente bárbaro, primitivo, sexista y reacio a cualquier cambio, no hacer distinción entre la creencia y la situación política o justificar políticas y actos discriminatorios hacia la población musulmana.
La islamofobia de género es la doble discriminación que sufren las mujeres musulmanas en tanto que musulmanas (reales o leídas como tales) y mujeres. A esta doble discriminación podríamos añadir todos los demás ejes de la diferencia: las mujeres musulmanas lesbianas sufren además lesbofobia, las mujeres musulmanas trans sufren además transfobia, las musulmanas migrantes sufren también toda la violencia administrativa de su condición de migrantes, y toda la xenofobia. Del cruce de todas estos ejes devienen vulnerabilidades específicas que son las que posibilitan que un conductor de autobús se sienta empoderado para montar una campaña de exclusión del transporte público contra algunas vecinas sin razón alguna. Y que esto no sea un escándalo de dimensiones mayores, sino motivo de debate, como si el tema realmente admitiese debate alguno.
El odio contra el musulmán y el árabe tiene especialmente impacto sobre las mujeres. ¿por qué?

Estoy de acuerdo con que tiene un mayor impacto, pero me parece curioso observar que las vías de discriminación van por caminos distintos marcados por el género. Los hombres musulmanes (o leídos como tales) son considerados por la mirada islamófoba como violentos, machistas, poco dignos de confianza, conflictivos… es el arquetipo del “moro” que se ha venido construyendo en toda Europa, pero más aún en el Estado español desde su creación misma. El islam, el moro, es “el otro”, la imagen estereotipada y negativa de la Europa que quisiéramos ser, que presumimos de ser y que no somos: la Europa de las libertades, de los derechos civiles. A pesar de no ser ni de lejos la sociedad que decimos ser, la construimos en nuestro imaginario cada vez que nombramos al “otro”. Es un juego de oposición binaria: lo negro define tanto lo que es negro como lo que es blanco, por defecto. Cada vez que decimos que “ellos” son machistas estamos afirmando que nosotros no lo somos. O no lo somos tanto. Que no estamos tan mal.
Con las mujeres musulmanas, a esta construcción en negativo de la identidad “femenina” europea (esa gran pantomima de mujeres liberadas, que tomamos las riendas de nuestras vidas y nuestros cuerpos) se le suman los consabidos esquemas patriarcales del paternalismo, la victimización y la violencia machista. Además de sufrir las violencias administrativas, sexuales, reproductivas que sufrimos todas las mujeres por el hecho de serlo, las musulmanas que viven en contextos islamófobos y/o que viven en entornos de islam patriarcal (que no es la única concepción del islam, pero sí la más extendida, pues sabemos que el patriarcado goza de buena salud en general) son penalizadas también por ser musulmanas: se ponen en cuestión constantemente sus capacidades para decidir sobre sus propias vidas y sus propios cuerpos por ser mujeres y por ser musulmanas. El proceso de infantilización al que las somentemos desde la mirada colonial y etnocéntrica es una enorme forma de violencia que debería de llenarnos de vergüenza, especialmente a las feministas.

¿Qué valoración hace de las últimas actuaciones del alcalde de Gasteiz Javier Maroto?
Los buenos gobiernos defienden su gestión con datos y hechos. Cuando no tienen ni datos ni hechos porque su gestión ha sido nefasta, los gobernantes mediocres optan por edificar campañas de odio para ganar las elecciones. Cuanto más cutre es el gobernante, más falaz y ruidosa es la campaña. El voto del miedo, el voto ignorante funciona como cortina de humo que despista durante unos meses, pero que deja como herencia una tremenda fractura social que pagamos todas al servicio de la infinita sed de poder de unos cuantos.

De verano aquí se ha incrementado la tensión en la ciudad, con alguna que otra agresión incluso.
En épocas de crisis la tensión se acrecenta: lo hemos vivido en numerosas y dramáticas ocasiones en el continente europeo. Y, sin embargo, aprendemos repitiendo los errores. Las luchas transformadoras son las verticales y las interiores: nuestros enemigos, los que nos hacen malvivir en condiciones sociales de miseria y a nivel planetario, están arriba. Y el enemigo que nos empujar a malvivir como individuos aislados, egoistas, que vampirizan y son vampirizados para lograr un miserable pedazo de bienestar, lo llevamos dentro. El capitalismo salvaje nos está devorando. Las violencias horizontales son la herramienta del poder para mantener el estado de las cosas. Nos envalentonamos contra las compañeras de miseria, cuando nuestra auténtica potencia subversiva está en la unión entre semejantes que no necesitan ni tan solo ser iguales. Luchas entre semejantes por el bien común.

¿Que es el fenómeno Pink Washing? 

Es la captación por parte del neoliberalismo de las reivindicaciones LGTBI. El fenómeno según el cual los mismos mecanismos que hacen necesarias esas reivindicaciones, las utilizan para reforzarse. En el caso de la islamofobia de género, hablaríamos de PurpleWashing: utilizar las reivindicaciones feministas (o el nombre del feminismo) por parte de estructuras y actitudes machistas, por partidos machistas de izquierda o directamente de derecha y ultra derecha que nos atacan con la excusa de liberarnos: ya sea con la ley contra el aborto, o con la ley contra el burka. Decidir sobre el cuerpo de otra mujer a fuerza de leyes restrictivas es el patriarcado de toda la vida. Utilizar la reivindicación de nuestras libertades por parte de los mismos partidos y estructuras que bloquean leyes y recursos contra, por ejemplo, los asesinatos machistas es un sinsentido que no podemos permitirnos.

Download Entrevista completa: http://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gaur8/editions/gaur8_2014-11-22-06-00/hemeroteca_articles/agintaria-gero-eta-kutreagoa-izan-kanpaina-are-eta-faltsuago-eta-zalapartatsuagoa-da

 

Share

El poliamor “is the new black”

Written by Brigitte Vasallo. Posted in El poliamor is the new black, Poliamor

(Artículo republicado desde Pikara Magazine)

Señora Milton

Ahora que el debate sobre la monogamia ha entrado en las asambleas, no hay espacio reivindicativo, libertario, posmoderno o feminista que no enarbole su parcela poliamorosa. La ruptura -formal- de la monogamia, materializada en este concepto escurridizo que viene a ser el poliamor, promete liberarnos de todos los males como por arte de magia: quisiéramos creer que por donde pasa el poliamor no vuelven a crecer las malas hierbas. Pero crecen, y de qué manera. Nunca bastó ni un cambio de nomenclatura ni un gesto grandilocuente para hacer caer un sistema: partimos de lo que somos para soñar imaginarios nuevos, pero nuestros sueños se nutren con un poso que arrastramos y nos arrastra. Por la inevitable materia que nos construye.

Hemos vencido las morales, las vergüenzas y las leyes que nos quieren dóciles y castas. Pero el dolor de barriga cuando afrontamos la ruptura de la monogamia no se cura con manifestaciones ni pancartas.

La construcción de amores no monógamos se realiza con conceptos, emociones y miradas heredadas de la monogamia. Las reflexiones de Monique Wittig sobre la heterosexualidad como sistema de pensamiento sirven igualmente para la construcción emocional del amor:

“Esos discursos de la heterosexualidad nos oprimen en el sentido de que nos impiden hablar a menos que hablemos en sus términos. Todo lo que los cuestiona es inmediatamente descalificado como elemental. Nuestro rechazo a las interpretaciones totalizadoras del psicoanálisis les hace decir a sus teóricos que despreciamos la dimensión simbólica. Esos discursos nos niegan toda posibilidad de crear nuestras propias categorías. Pero su acción más feroz es la tiranía inflexible que ejercen sobre nuestro ser mental y físico”.

El sistema monógamo es una tiranía. No es una opción: es un mandato, y es la violencia simbólica inscrita en ese mandato la que nos impide escoger maneras diferentes incluso cuando creemos escogerlas. En ocasiones nos toca la lotería de la vida y los mandatos nos resultan oportunos, cómodos, pero eso no los convierte en opcionales. Como explica Pierre Bordieu, “de todas las formas de persuasión clandestina, la más implacable es la ejercida simplemente por el orden de las cosas”. La monogamia es un sistema de opresión tan bien codificado que nos desgarra de dolor cada vez que queremos oponer resistencia.

Hemos vencido las morales, las vergüenzas y las leyes que nos quieren dóciles y castas. Pero el dolor de barriga cuando afrontamos la ruptura de la monogamia no se cura con manifestaciones ni pancartas. El extraordinario aparato de propaganda e infiltración del sistema que nos enseña desde el nacimiento que el amor es a dos, que la vida sin el dúo es un fracaso y la vida a más de dos es sospechosa. Que si no tienes pareja, o si tienes más de una, es porque sufres carencias. Que nos codifica para sentirnos amenazadas por el entorno, para sustituir amores por pura imposibilidad de amar a más de una persona, o de amar a más de una por pura incapacidad de comprometernos.

La monogamia nos quiere limitadas, hurañas, asustadas, egoístas, divididas por pares, por dúos. Y todos los desastres amorosos que acumulamos en la mayoría de nuestras vidas, todas las veces que nos hemos desgarrado por amor, todas los amores que han acabado en batalla, todas las cicatrices que nos atraviesan son la prueba de que el sistema funciona bien y emborrona de miseria nuestro mayor potencial: la capacidad que tenemos, a pesar de todo, de amarnos.

La larga noche de los siglos

La monogamia no exige a todo el mundo por igual. El mayor peso de las restricciones y la exclusividad ha recaído históricamente sobre la identidad femenina. Silvia Federici, en ‘Calibán y la bruja’, nos habla del control del cuerpo y las sexualidades como instrumento imprescindible para la implantación del capitalismo durante la Edad Media europea. Un control que se ejerció sobre todos los cuerpos pero que reservó para las mujeres el espanto de la caza de brujas.

“Los juicios por brujería brindan una lista aleccionadora de las formas de sexualidad que estaban prohibidas en la medida en que eran «no productivas»: la homosexualidad, el sexo entre jóvenes y viejos, el sexo entre gente de clases diferentes, el coito anal, el coito por detrás (se creía que resultaba en relaciones estériles), la desnudez y las danzas. También estaba proscrita la sexualidad pública y colectiva que había prevalecido durante la Edad Media, como en los festivales de primavera de origen pagano que, en el siglo XVI, aún se celebraban en toda Europa. (…) La caza de brujas condenó la sexualidad femenina como la fuente de todo mal, pero también fue el principal vehículo para llevar a cabo una amplia reestructuración de la vida sexual que, ajustada a la nueva disciplina capitalista del trabajo, criminalizaba cualquier actividad sexual que amenazara la procreación, la transmisión de la propiedad dentro de la familia o restara tiempo y energías al trabajo”.

Tener varias relaciones sexo-afectivas simultáneas es solo un aspecto formal y visible de un inmenso entramado que, si no desmantelamos, solo reproduce el mismo sistema, pero con otro nombre.

Desde mucho más antiguo, en Europa la monogamia implicaba un pacto de fidelidad sexual de la mujer hacia el hombre, pero no necesariamente a la inversa. Michel Foucault traza en su ‘Historia de la sexualidad’ el camino desde la antigua Grecia:

“El hombre, en tanto hombre casado, sólo tiene prohibido contraer otro matrimonio; ninguna relación sexual se le prohíbe por el solo hecho del vínculo matrimonial que contrajo; puede tener una aventura, puede frecuentar a las prostitutas, puede ser el amante de un muchacho -sin contar los esclavos, hombres o mujeres, de que dispone en su casa. El matrimonio de un hombre no lo liga sexualmente. Dentro del orden jurídico, esto tiene como consecuencia que el adulterio no sea una ruptura del lazo del matrimonio por parte de alguno de los dos cónyuges; no está considerada como infracción más que en el caso de que una mujer casada tenga relaciones con un hombre que no es su marido; es la situación matrimonial de la mujer, nunca la del hombre, la que permite definir una relación como adulterio. Y, en el orden moral, se comprende que no haya existido para los griegos esta categoría de la “fidelidad recíproca” que más tarde habría de introducir en la vida del matrimonio una especie de “derecho sexual” con valor moral, efecto jurídico y componente religioso.

El principio de un doble monopolio sexual, que hace de los dos esposos compañeros exclusivos, no se requiere en la relación matrimonial. Pero si la mujer pertenece realmente al marido, el marido sólo se pertenece a sí mismo. La doble fidelidad sexual, como deber, compromiso y sentimiento compartido por igual, no constituye la garantía necesaria ni la expresión más elevada de la vida matrimonial”.

El muy extendido modelo de relación poliamorosa heterosexual en la que el hombre es muchísimo más promiscuo y prolífico en relaciones que sus compañeras es heredero de esta desigualdad sistémica. También lo es el escarnio público que reciben los hombres disidentes de un sistema que los sigue queriendo machos. Hace un par de años, en la radio, una de mis contertulias afirmó que un hombre que aceptaba esto del poliamor era lo que toda la vida habíamos llamado un calzonazos. Y ni pestañeó al decirlo.

El privilegio hetero, el privilegio masculino, el privilegio cisgénero y todos los demás van sumando puntos para el gran bingo del poliamor. No es una cuestión de diferencias personales sino de categorías inscritas en esas personas. La libertad simétrica de la que disponemos para decidir sobre nuestras vidas es un burdo espejismo utilitario en un mundo en que cada disidencia paga su precio y en el que amamos atravesadas por el género y sus manifestaciones identitarias, la clase, la raza, el capacitismo, la identidad sexual y todas las demás categorías opresoras que queráis añadir.

Venimos, pues, de la larga noche de los siglos. La pregunta es: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia dónde queremos ir?

La reproducción de las dinámicas de opresión

¿Pueden las herramientas del amo desmantelar la casa del amo? ¿Puede desmantelarse una imposición imponiendo una nueva? ¿Qué entendemos por liberar nuestros cuerpos, nuestros placeres, nuestra sexualidad y nuestros amores? ¿La libertad tiene una forma concreta y cerrada o es un concepto que refiere a la multiplicidad de opciones equivalentes entre las que poder escoger sin coacciones?

Si la monogamia es un mandato, la subversión es contra la naturaleza del mandato mismo, contra la inevitabilidad del orden de las cosas. El trabajo vital que afrontamos es contra la imposición de un sistema de delimita nuestros deseos, nuestros espacios corporales, nuestras posibilidades y proyecciones emocionales, y que nos obliga a quedar ancladas en un única opción. Si la ruptura de la monogamia tiene algo de subversivo, es la posibilidad que abre para desnaturalizar el sistema impuesto, para replantearnos cómo y por qué amamos como lo hacemos. Construir nuevas posibilidades entre las que escoger.

La carga subversiva de romper con la monogamia, si la tiene, vendrá de los gestos cotidianos, no de las grandes heroicidades que deben su imaginario a tiempos jerárquicos e individualistas que queremos dejar atrás.

Tener varias relaciones sexo-afectivas simultáneas es solo un aspecto formal y visible de un inmenso entramado que, si no desmantelamos, solo reproduce el mismo sistema, pero con otro nombre.

En su libro ‘Transexualidades. Otras miradas posibles’, Miquel Missé explica una anécdota personal. Parte de una reflexión sobre la autenticidad que hace el personaje de La Agrado en ‘Todo sobre mi madre’, de Pedro Almodóvar. Escribe Missé:

“Hace bastantes años, una de mis tías, que no entendía demasiado todo esto de la transexualidad, me regaló una pequeña postal en la que estaba escrito: “La sabiduría de la vida es aceptar los límites”. Me enfadé mucho, sentí que era una manera de decirme que mi problema era que no me aceptaba como mujer, que aceptar los límites implicaba no poder vivir como quería hacerlo. Pero hace unos meses encontré de nuevo la postal, perdida en un cajón, y de pronto pensé en La Agrado y en la autenticidad que proclamaba, y entendí mejor la frase que tanto me había dolido en su momento. Ahora, a mi tía, le diría que la sabiduría de la vida es también aceptar que los límites son construcciones sociales, pero que seguramente tenía buena parte de razón: lo que nos hace auténticos y auténticas no tiene nada que ver con saltarlos, sino con saber dónde están y al servicio de quién”.

Es naíf pensar que toda esta inmensa trama del sistema monógamo se soluciona teniendo más de una relación. Y es violencia coaccionar a los y las demás para que se “liberen” de todo este armazón con argumentos que refieren a los grandes discursos, pero que no contemplan los dolores ni las dificultades. Cacarear la liberación ajena sin atender al precio que se paga por ella es otra de los infinitos discursos que nombran la libertad con fines neoliberales. Cada vez que alguien presume de modernez o libertad por tener varias parejas, no es que muera un gatito, es que muere un futuro posible: nadie sale de los sistemas opresivos en un solo click, firmando un papel o leyendo un par de libros. La única vía de escape está en boicotear sus dinámicas opresoras.

Desde la ruptura formal de la monogamia hasta la construcción de relaciones no monógamas hay un abismo. Y en ese abismo es donde está la potencialidad del movimiento: en las dudas, en los límites, en los miedos, en los pasitos adelante y los saltos atrás. Su carga subversiva, si la tiene, vendrá de los gestos cotidianos, no de las grandes heroicidades que deben su imaginario a tiempos jerárquicos e individualistas que queremos dejar atrás, que pertenecen a un mundo donde el dolor, la vulnerabilidad, el cuidado, los vínculos, la empatía, ni siquiera existen. Nos han impuesto sus formas durante siglos con resultados deplorables.

Saber dónde están nuestros límites, nuestros dolores, nuestros anhelos, nuestros sueños, y saber al servicio de quién están forma parte de un mundo nuevo. Acompañarnos en nuestros caminos, en nuestros pasos y saltos, amarnos desde los gestos pequeños y construir dúos, tríos, o redes desde otros lugares que sean liberadores, espacios amorosos en los que dejarnos caer, temer, sufrir y también acertar, transformarnos y construirnos es, tal vez, nuestra apuesta más apuesta radical.
- See more at: http://www.pikaramagazine.com/2014/10/el-poliamor-is-the-new-black/#sthash.jwWcy0dm.dpuf

Share

Sexismo en el aeropuesto de Bruselas

Written by Brigitte Vasallo. Posted in General

(CLICK EN LA IMAGEN PARA VER EL VÍDEO)

En el aeropuerto de Bruselas, la que es – recordemos – capital de la Unión Europea, se proyecta un vídeo que ilustra de qué manera prepararse para pasar los controles de seguridad. El vídeo redunda en todos los estereotipos de género: el viajero lleva un portátil y unas monedas en el bolsillo. La viajera, por su parte, lleva un pintalabios y un esmalte de uñas en los bolsillos, una bosa de shopping y un carro de la compra (sic!) de donde saca un neceser con cremas. Por si todo esto fuera poco, al final del video, el guardia de seguridad y ella sostienen una mirada que redunda en la hiper-sexualización de las mujeres en el espacio público, y legitima el acoso que sufrimos en la calle, animándolo, por si fuera poco, en un contexto de ejercicio de poder como es un control de seguridad en un aeropuerto.

La cultura de la violación se asienta en los detalles cotidianos. En el sexismo que se promueve constantemente desde los espacios más insospechados.

 

Share

Pinkwashing en Israel

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Apariciones en prensa, Entrevista en Uhintifada

333219Uhintifada es un programa dedicado a Palestina que se emite por Hala Bedi, la radio libre con sede en Gasteiz. Aprovenchando mi paso por la ciudad, charlamos en los estudios sobre islamofobia e islamofobia de género, y también sobre pinkwashing: la captura de las reivindicaciones sociales, en este caso del colectivo LGTBI, por parte del neoliberalismo. Un proceso que está teniendo su mejor ejemplo en Israel y su campañas de mejora de imagen internacional.
Podéis escucharlo aquí, a partir del minuto 24 : http://www.komiteinternazionalistak.org/index.php/es/multimedia/uhintifada/2009-uhintifada-196-pink-washing-la-utilizacion-con-fines-neoliberales-por-parte-de-israel-de-las-reivindicaciones-del-movimiento-lgtb
Eskerrik asko!

Share

Taller de islamofobia de género

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Islam, Talleres Islamofobia de Género

femenDel 21 al 24 de octubre estuve en Vitoria-Gasteiz dando un taller sobre Islamofobia de Género en el marco de la Escuela de Igualdad y Empoderamiento ( #BerdinEskolaVG). Durante 12 horas repasamos las construcciones de alteridad, el falso binomio Oriente-Occidente y el colonialismo como forma de pensamiento.

Cuelgo aquí los materiales que utilizamos, tanto los prezis, como los videos que visionamos, algunos artículos a los que hicimos referencia durante el curso y la bibliografía.

Abrazos y gracias a todxs lxs que asistísteis!

Prezis:

1ª sesión: Conceptos básicos: http://prezi.com/rkcokpr1xei_/?utm_campaign=share&utm_medium=copy&rc=ex0share

2ª sesión: Del Orientalismo a la teoría postcolonial: Feminismos negros | Feminismos islámicos | Islam queer http://prezi.com/5u2rn-sgszw2/?utm_campaign=share&utm_medium=copy&rc=ex0share

3ª sesión: Islamofobia: Racismo y racismo inverso | Islamofobia | Islamofobia de género | Ejes de opresión | PinkWashing y PurpleWashing http://prezi.com/am67nbbz1hjb/?utm_campaign=share&utm_medium=copy&rc=ex0share

4ª sesión: Los medios de comunicación: construcción de la mirada exotizada  http://prezi.com/mwqbnu86mprf/?utm_campaign=share&utm_medium=copy&rc=ex0share

Dossier: Download
Bibliografia: Download

Videos: http://www.youtube.com/playlist?list=PLv09JtWK7ZAvzPkncJeG8L3kqgQmE9IL7

Fotos del taller: https://flic.kr/s/aHsk4X3Fjz

Share

La música árabe… ¿existe?

Conferencia en Casa Árabe

Sons de l’islam: la mesquita