La barcelona pequeña es Can Vies

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Barcelona Marca: texto sobre el asesinato de Juan Andrés Benítez, PornoBurka

 

Can Vies en llamasEl 6 de octubre de 2013, cuando estaba a punto de publicarse PornoBurka, la realidad vino a demostrar una vez más que cualquier ficción se queda corta. En plena calle Aurora, colindante con la Rambla del Raval, Juan Andrés Benítez recibió una brutal paliza por parte de ocho Mossos d’Esquadra y resultó muerto. En un universo mucho más absurdo que los absurdos universos literarios, los debates jurídicos y periodísticos plantean si aquella paliza fue causa de muerte o la muerte de Benítez simplemente sucedió, como surgida de la nada, como por casualidad. Los vecinos y las vecinas grabaron vídeos con sus teléfonos móviles y, gracias a ellos y a su resistencia, los golpes, los gritos son. Están. La muerte no sucedió como si nada.

En abril de 2014, l’Assemblea del Raval me pidió un texto reflexionando sobre el entorno del asesinato de Juan Andrés Benítez para una publicación titulada “Barcelona marca: esquerdes del cas Juan Andrés Benítez”. Podéis leerla íntegra en el siguiente link: http://barcelonamarca.wordpress.com/

Mi texto salió publicado sin el último párrafo, las líneas que le daban todo el sentido y que cayeron de la maqueta. Eran las líneas que rendían homenaje a las cosas pequeñas y de apariencia prescindible, las que parecen fácilmente recortables pero que al final le dan todo el sentido a nuestra vida.

Subo el texto íntegro a las redes hoy, 28 de mayo de 2014, con toda la intención: fascinada y emocionada por la resistencia de la barcelona pequeña a ser engullida, que hoy se llama Can Vies y arde en el barrio de Sants.

 

“LA BARCELONA VERDADERA ES UN MOMENTO DE LA BARCELONA FALSA” 

Portada de la publicación Barcelona MarcaLa Remedios dobla la esquina apresurada, mirando de reojo la sombra del Jacinto que intuye sentado, como cada vez, en la puerta de lo que fue su bar, el Pontevedra. Creería que habla solo si no supiese de sobras que está hablando con Pepet, lo más parecido a un amigo que ha tenido en la vida el Jacinto, por mucho que uno fuera gitano como verdad absoluta y el otro fuera gallego como razón indiscutible. Por mucho que uno hablara en catalán para joder y el otro guardara silencio como venganza. Y aún así, lograsen esa comunicación que no circula por palabras sino por vínculos, por unas redes creadas sin propuesta alguna, sin deseo alguno, sin intención: por pura, espontánea y necesaria fraternidad de barrio. Y por eso están ahí, hablando sin voz, uno medio muerto y el otro muerto desde hace años, recordando juntos una vida que ya fue.

La Remedios deshace su ciudad, la desmonta para llevársela en la maleta de su regreso hacia lo que llama “hogar”. Situada a mil quilómetros y muchísimos años luz en un pueblo de Galicia que dejó para emigrar, la tierra a la que vuelve también desapareció. Pero a éste drama, que aún ni imagina, también se repondrá: la Remedios es una superviviente, un ser en adaptación.

Cargada con sus trocitos de vida, recorre la memoria colectiva de su barcelona pequeña, cotidiana, intrascendente y equívoca que intenta sobrevivir escondida en las brechas que surcan la gran Barcelona. Una ciudad en minúsculas que no aspira a proyectarse ni se alimenta de eventos, que no convive con manadas de ejecutivos ni con hordas de hooligans, que no disfruta en llenar de clientela los centros comerciales. La barcelona de la Remedios no es Custo, ni es Gaudí: es fea, es sucia y es precaria. No es burguesa, no té seny. Es extraña: ni cívica, ni gobernable, ni tolerable.

Su paseo emocional comienza en las barracas del Somorrostro, en la playa convertida en ciudad-asentamiento sobre la que levantar la ciudad-oropel. La Remedios ha ido a mirar la plaquita que le ha puesto el Ayuntamiento al que fue su barrio y le parece bonita. Mira encantada a toda esa gente tomando el sol sobre sus recuerdos y se da cuenta de que el tiempo pasa rápido y de que apenas queda nada. Pero, aunque se borre, aunque se niegue o se afirme con boca pequeña, el Somorrostro existió como existió la Perona, el Camp de la Bota y las laderas de Monjuic. Existieron y se esfumaron como si no hubiesen pasado, como si esa plaquita señalase una realidad bonita, una casita en la playa, una anécdota dentro del gran espectáculo de progreso y futuro de la Barcelona-Botiga. Cayeron y se anunció a bombo y platillo que se había superado, que habíamos subido un peldaño en la gran escalera de la dignidad y la buena vida. Y mientras los honorables se hacían fotos derruyendo las últimas barracas, los y las habitantes de la barcelona pequeña se afanaban a buscar pisos compartidos, en alquilar trocitos de barracas verticales, en firmar hipotecas abusivas con letritas tan pequeñas como sus vidas, en ser desahuciadas de los restos de un barco a la deriva que prometía una vida mejor que apenas lo fue un ratito y para alguna gente.

Las barracas fueron disimuladas bajo la ciudad-espectáculo, la ciudad-turismo, la ciudad-icono, bajo la Barcelona con mayúsculas, hasta hacernos creer que todo aquello no fue. Que todo esto no está siendo.

“En el mundo realmente invertido lo verdadero es un momento de lo falso”

La Remedios avanza por la Rambla del Raval arrastrando su cuerpo cansado. Camina hacia la esquina con Aurora a coger un último retazo de verdad de la Barcelona de mentira. A mirar de frente un instante de realidad en el que habitamos todos los Jacintos y todas las Remedios, todos los Pepets. La realidad que nos arrancan a cada paso, que nos niegan, que nos maquillan, que nos escatiman. La realidad que nos dicen que es mentira, que pretenden que no es. Pero que es. Y somos.

Éste es su último fragmento de verdad:

Juan Andrés Benítez no está. Su vida, su imagen, su historia, su muerte, el juicio por su muerte, todo lo va engullendo el espejismo espectacular. Pero su ausencia no puede ser ficcionada. No hay relato que cambie el hecho de que no está. La verdad de que no está.

 

La barcelona pequeña somos los vacío que dejan las ausencias, somos las brechas, las redes afectivas, los apoyos mutuos, las luchas vecinales, las resistencias cotidianas a ser engullidas por el espectáculo de la gran Barcelona. No somos el asfalto: somos el tejido. No somos los eslóganes: somos las historias. Somos la extrañeza, la dificultad y el tesón por vivir juntas, por construir un espacio común más allá del abandono. Somos los agujeros que abrimos para respirar, para resistir a la vorágine. La barcelona pequeña es nuestra vida, nuestra memoria inesquivable.

El infierno es el silencio, la fractura, el aislamiento, el olvido.

Lo contrario al silencio y al olvido no es el paraíso, pero es el único espacio posible en el que enraizar la vida.

 

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Talleres #OccupyLove

Written by Brigitte Vasallo. Posted in General, Talleres #OccupyLove

Cc Patricia Moreno Romero http://ellaboratorioazul.blogspot.com.es/

Que la monogamia está en crisis lo muestran desde los índices de infidelidad hasta las rupturas traumáticas que casi todxs acumulamos en nuestros currículums amorosos. Sin embargo, ¿qué otras maneras podemos pensar para relacionarno s sin pasar por la desvinculación afectiva, y de qué manera pod emos entretejer otro tipo de afectos sin destrozarnos el corazón en el intento?

En #OccupyLove trabajamos tecnologías que nos ayude n a enfrentar la angustia, los celos y los miedos a dec onstruir estructuras relacionales conocidas para poder const ruirlas desde otros lugares no posesivos y no exclusivos. Para de tectar el escaqueo emocional y el capitalismo sexo-afectivo y para construir, entre todas y todos, un pensamiento político desde los afectos.

Los talleres se pueden realizar en una sesión de dos horas y media (introductoria) o en varias sesiones.

Necesidades técnicas:

- un proyector con sonido y un ordenador conectado

Límite de plazas: 40

 

Podéis consultar tarifas y disponibilidad en perderelnorte@gmail.com

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Cap. 5 – PornoBurka: sobre fruteros pakistaníes y plátanos canarios

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Capítulo 5, General

Buenaonda camina sin rumbo por la ciudad, que se vuelve hostil al ritmo que marcan sus desencuentros con Cookie, que se deforma y contrahace al tiempo que se derrumba su historia con ella. Con ello. Y mientras el drama de la ruptura se dibuja en el horizonte, un culo emerge de una caja de verduras ante sus atónitos ojos. Un culo enfundado en unos tejanos, que se sostiene sobre unas piernas algo torcidas que se apoyan a su vez sobre dos pies precariamente enfundados en unas chancletas, a pesar del invierno que arrecia. Todo lo demás es verde: lechugas, calabacines y pimientos del padrón metidos en una torre de cajas que ocupa, graciosamente, media acera. El culo se balancea excitado, se tambalea bajo los movimientos bruscos de unos brazos que no se ven, hundidos como están en las lechugas. El culo amenaza con caerse, toma impulso, se agacha (o es agachado por las piernas arqueadas que apenas merecen sostener un trasero tan bonito) para, acto seguido, volver a encumbrarse como cabeza de cuerpo doblado. Los brazos, mientras tanto, siguen buscando frenéticos alguna cosa dentro de la caja que, ¡alehop!, por fin aparece. ¡Un plátano! El cuerpo se reincorpora y el culazo pierde su posición altiva para resituarse al fondo de una espalda ya erecta que culmina, sí, en una cabeza. Una cabeza de pelo azabache repeinado con raya al medio que enmarca el rostro inundado por una enorme, franca, sonrisa de satisfacción.

¡Un plátano! Lahore («¿Cómo sabés, pelotudo, que el pibe se llama Lahore?». «¿Que cómo sé? ¿No has visto el cartel que pone Frutas Lahore en su tienda?».) apoya su precioso culo en las cajas de verduras, en mitad de la acera, con la mirada perdida en su plátano, los ojos casi bizcos de observarlo con tanta intensidad y a tan corta distancia. Lo mantiene erecto ante su cara, agarrado con firmeza por fel extremo inferior con las dos manos. Diríase que va a cantarle, pero no le canta. Por el contrario, dibuja en su boca una enorme «O» y, como si de una muñeca hinchable se tratase, se introduce lentamente el plátano, con piel, etiqueta y todo en la boca hasta que sus propias manos hacen de tope. Mantiene un instante la respiración, los ojos cerrados para que no escape resquicio alguno del intenso placer, la boca llena, la garganta al borde de un vómito enamorado para, al cabo de un instante, con la misma suavidad, retirarlo lentamente, dejando que los labios recorran todos los pliegues de la piel de la feliz banana hasta que sale completamente de la boca dando un chasquido. Lahore deja que la lengua lo guíe por las formas banánicas de su amante vegetal. Recorre la curva del lomo de lado a lado para detenerse en el extremo rugoso, negro y cerrado que, sin duda, podría recordarle a Buenaonda el objeto, también inevitablemente cerrado, de sus oscuros deseos. Mete, saca, mete, saca, Lahore succiona el plátano, deja que la pegatina se enganche en sus labios, acelera la respiración, sobreexcitado, se lame los dedos y muerde, sin poder evitarlo, un instante la punta de la banana. Se la comería entera, sin duda, pero la mañana es joven y prefiere que sufra y seguirla chupando con arrobo, succionarla, lamerla, mamarla, mirarla con expresión enamorada y hundírsela de nuevo boca abajo con pasión.

«¡Ole ahí, ole!». «¡Guapo!»

Las vecinas que regresan del cercano mercado de Sant Antoni con los carros llenos de verduras se han parado a mirar, atónitas, la danza del frutero pakistaní y el plátano canario y, emocionadas hasta la lágrima por esa súbita expresión de belleza, no dudan en llenarlo de piropos, en animarlo con sus aplausos y vítores. El griterío se eleva por la calle estrecha y los balcones y ventanucos comienzan a abrirse y a poblarse de caras sonrientes de pakistaníes y filipinas, de andaluces y nigerianos, de señores barbudos y señoras tocadas con rulos fucsia, que celebran la felación platánica con aleluyas multilingües que caen sobre Lahore como lluvia seca, absolutamente absorto en el vaivén de su lengua sobre el plátano reblandecido por la saliva que se escurre por sus brazos hasta formar riachuelos en el suelo.

–©Jor-dee, vos sabés que tengo un gran respeto por las opciones sexuales de las demás personas. ¿Pero estás seguro que no has tenido alucinaciones? Esto es muy, muy raro…

–Cállate, Buenaonda, escucha esto. Porque después de haberle hecho una felación de la hostia al plátano, cuando la calle ya estaba llena de gente y de la escuela de la esquina habían traído a los niños y las niñas para que aprendiesen algo útil, cuando los demás pakistaníes del barrio se habían reunido ya en torno a Lahore y se abrazaban con lágrimas en los ojos recordando a sus esposas, sus novias, y seguro que algún novio que habrían dejado allí perdido en Pakistán, justo en ese momento de éxtasis tan profundo que llegamos a creer que el plátano mismo se correría, Lahore paró, nos miró a todos yo creo que sin vernos, se desabrochó los pantalones, se dio media vuelta…

–Pero no, boludo. ¿Qué decís?

–Apoyó las manos en las cajas de verduras que estaban ocupando media acera, se bajó los calzoncillos justo por debajo del culo, pero asegurándose de que la polla quedase, por delante, bien tapada para no escandalizar, se escupió en la punta de los dedos para llevarse algo de saliva al mismísimo ojete, escupió al plátano con la misma delicadeza con que lo había besado y, sin más, se lo metió por el culo.

Buenaonda mira a ©Jor-dee.

©Jor-dee mira al horizonte.

Buenaonda piensa que ©Jor-dee está loco, que ha visto visiones.

©Jor-dee sabe que lo que vio fue muy real.

Buenaonda piensa que ©Jor-dee no es feliz, que debe tener problemas con Paco, su marido.

©Jor-dee sabe que los tiene.

Buenaonda piensa que, al igual que Cookie y él, ©Jor-dee y Paco no follan.

©Jor-dee sabe que Paco y él no follan. Al menos no como él quiere.

Buenaonda piensa que un hombre, por muy marica que sea, debería tener derecho a follar. Que ningún hombre, por muy invertido que sea, merece ser empujado a este estado de enajenación que acusa ©Jor-dee. Que todo hombre, por muy chupapollas y lameculos que sea, merece ser sexualmente feliz.

Y, de pronto, Buenaonda siente renovadas las sinergias con su amigo ©Jor-dee, encuentra una nueva corriente de solidaridad entre el maricón y él, que le hace temblar de emoción. Dos hombres solos, eso es lo que son, por mucho que uno sólo sea medio hombre y el otro esté a punto de perder su hombría.

–¿Vos follás, boludo? ©Jor-dee siente las lágrimas asomarle a los ojos.

–Mira, Buenaonda, maldita la ley del matrimonio gay. Antes nosotros éramos una pareja de lo más normal. Follábamos como cosacos, como locas, follábamos juntos y por separado, en tríos, en cuartetos, en grupo, en familia, follábamos sin parar. En casa, en el coche, en los portales, en los cines, en los bares, en los trenes, en los urinarios públicos, en los museos… Y entonces llegó el matrimonio gay. Y la jodimos. Nos volvimos, literalmente, un matrimonio. ¿Cómo nos pudo pasar eso a nosotros? Pues no lo sé, pero pasó. Nos casamos y dejamos de follar. No al principio, que era como la luna de miel. Pero después, se acabó. Empezaron a pasar los días, y las semanas, y los meses, y todo fue a peor. Las orgías se volvieron cuartetos ocasionales. Y los cuartetos se volvieron tríos y con gente de confianza. Y al final hasta los tríos también desaparecieron porque, ¿sabes?, yo no puedo permitir que alguien se folle a mi marido. Así que nos dedicamos a follarnos mutuamente y eso, la verdad, es un tostón. Más aún cuando el cabrón de Paco no me come la polla porque dice que se le estropean las cuerdas vocales. Antes ni me había dado cuenta. Pero desde que somos dos mariconas monógamas, las carencias saltan a la vista.

La jodimos, amigo. Maldito Zapatero.

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Prólogo (con spoiler) de Juan Goytisolo

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Prólogo de Juan Goytisolo

Juan Goytisolo y Brigitte VasalloCuando a la muerte de Franco volví a pasear por el entonces aún mal afamado Distrito Quinto tras bastantes años de ausencia, las cosas no habían cambiado mucho desde mis correría juveniles por Sant Pau y Robadors. Las prostitutas y su clientela eran idénticos, la miseria había disminuido en apariencia, pero quienes caminaban o merodeaban por calles y callejas respondían al modelo antiguo: catalanes y charnegos de primera, segunda o tercera generación, alguno que otro gitano y poco más. Habituado a la diversidad de culturas y etnias del Sentier parisiense y Manhattan, dicha uniformidad me decepcionó. No obstante, mi frustración no duró demasiado.
La Rambla del Raval, “un golpe de machete” asestado en medio del barrio, escribe la autora de PornoBurka, lo partió en dos, como un cortafuegos, para fragmentar y aislar a los distintos componentes sociales. Los recuperables del volem un barri digne y los marginados sin remedio. El plan urbanístico de saneamiento buscaba la normalización social, el paso de la vieja miseria a una zona pequeño burguesa sin chusma, pero con un elemento exótico, una pizca canalla, que imantara al turista.  A primera vista, la operación de lavado fue un éxito rápido: los restos del Chino descrito por Genet desaparecieron. Los escaparates con anuncios de gomas y lavajes de Arc del Teatre echaron el candado (uno es hoy una librería islámica). Pero, como en los barrios del París de Baudelaire, la vida volvió por sus fueros, y la plebe, venida de las cinco o cincuenta partes del mundo, se adueñó poco a poco del espacio aseado e impuso su ley: la de la fuerza que brota de las entrañas de la vida en creación y movimiento.
A partir del machetazo, escribe Brigitte Vasallo:
“El barrio quedó destripado y por el agujero que dejó su vientre se colaron las cimentadoras, que hicieron su agosto en la Rambla del Raval. Cemento por todos lados (…) La Rambla del Raval fue una opa hostil sobre la vida del barrio, un abordaje, un asalto a mano armada”
En efecto, cambió y continúa cambiando el diseño urbanístico, aunque como admite la autora, en el ex Distrito Quinto “sigue amaneciendo como cuando se llamaba Barrio Chino: meado y con resaca”. Con todo, el componente humano del mismo se sitúa a mil leguas del habitado antaño por nativos y charnegos. Ahora los “baluartes de la catalanidad” o cafés como el Pontevedra -del matrimonio gallego cuya hija es la protagonista de la novela- han cedido el paso a una tribalización ciudadana de pakis, marroquíes, hindúes, filipinos, gais, yonquis y guiris. ¡El exotismo en casa!
Ése es el contexto abigarrado y mutante en el que se desenvuelve la acción de PornoBurka. Sus personajes: Concepción-Conchi-Cookie-Lo, hija del Jacinto y la Remedios del clausurado bar Pontevedra; su amante, el supuesto bohemio argentino Buenaonda; la pareja gay de Paco (Pack ) y Jordi ( © Jor-dee); el grupo militante lésbico de Matilde, cuyas teorías llevan a Lo por caminos tan retorcidos (quiere sodomizar a Buenaonda) que ni ella misma se aclara; el joven vendedor de frutas paquistaní Lahore; el camello marroquí Rachid, tienen un denominador común: el sueño de ser distintos (o al menos aparentarlo) de lo que son. De ahí los sucesivos cambios de nombre de Lo; la argentinidad impostada de su amante; las ilusiones contrariadas de la pareja gay -que maldice la ley del matrimonio homo de Zapatero-, de poseer a toda costa a Lahore (© Jor-dee) y ascender a la fama al frente de su grupo musical Brigada Rosa (Pack)…
Pero veamos, aunque sea brevemente, la trama. El matrimonio gallego, inquieto por la deriva sexual de su hija desde que abandonó el barrio lleno de moros para  mudarse al carrer Trafalgar y hallarse de pronto asediado por chinos que, colmo de desdicha, hablan catalán, decide recurrir a los servicios de un detective para seguirle los pasos. A fin de hacerlo con discreción y procurarse una total invisibilidad, ¿qué mejor vestimenta que el burka? Impenetrable a las miradas, su burka azul recorrerá la Rambla del Raval sembrando a su paso altas dosis de sorpresa, inquietud, desaprobación, terror. ¡Ahora ya no se contentan con venir a robarnos el trabajo! ¡Quieren imponernos su indumentaria y traernos a Ben Laden!
El exotismo a la inversa del barrio, sus distintos discursos identitarios -nacionales, religiosos, gais, de discípulos/as de Beatriz Preciado- permite a la autora la composición de escenas tan divertidas como la de la minuciosa felación del plátano por Lahore en su tienda de frutas o la del Exámen de Integración Lingüística del muchacho por un equipo de TV3 acompañado de Guardias Civiles y Mossos d’Esquadra en el que el desdichado es forzado a pronunciar el nombre de Lluís Llach y no alcanza sino a balbucear Yuis Yac que me llenó de regocijo.

La idea de una marcha hacia el Macba, organizada por © Jor-dee y Pack, con su grupo musical, congregará allí a todos los personajes y grupos dispersos en una manifestación-contramanifestación en la que gais, lesbianas, transexuales, moros y pakis corearán sus contradictorias consignas. Una orgía de palabras con entonaciones distintas a falta de aquella en la que sueñan Lo, Pack y otros protagonistas de la incentiva y refrescante novela de Brigitte Vasallo.

Juan Goytisolo

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PornoBurka en Suelta la Olla, entrevista en Hala Bedi irratia

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Entrevista en Hala Bedi irratia

Hala Bedi GasteizOs dejo aquí el link a la magnífica entrevista que me hicieron desde Hala Beti irratia durante el fin de semana del Euskal Herria Burka tour.Hablamos sobre islamofobia de género, colonialismo, normalización, violencia urbanística y demás desastres contemporáneos.

Podéis escucharla en http://halabedi.org/?p=12920

 

 

 

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La música árabe… ¿existe?

Conferencia en Casa Árabe

Sons de l’islam: la mesquita