Judaísmo no es solo sionismo, pero Israel sí lo es
Ayer domingo 18 de noviembre, en pleno ataque de Israel contra Gaza, colgué un montón de cosas interesantes en mi Facebook. Bien conectada con Palestina pasé el día enganchada a la pantalla leyendo horrorizada las noticias que nos llegaban de Gaza y reenviándolas, traducidas en muchos casos. El post que tuvo mayor éxito, con diferencia, fue esta misma foto: soy judío pero no soy sionista. Cada vez que hablamos de Israel aclaramos que no nos referimos a todxs lxs judíos del mundo, sino solo a “los malos”. Está bien, pero me sorprende que no se haga con casi ningún otro grupo humano. Hablamos de los americanos (¡americanos!) con una tranquilidad pasmosa retratándolos a todos y a todas como si fuesen clones de Bush (ese borracho cocainómano, que decía Pepe Rubianes). Hablamos de las mujeres incluso en singular sin inmutarnos: la mujer es bella por naturaleza (!!!). Hablamos de los hombres también sin apenas pestañear: todos los hombres son iguales (???). Pero en cuanto tocamos el judaísmo, necesitamos aclarar inmediatamente que distinguimos entre judaísmo y sionismo, entre cultura y política, entre la identidad y su uso.
Repito que me parece bien: ojalá fuésemos tan puntillosos en todos los términos que utilizamos. Pero me sorprende e intuyo que detrás de esa exactitud hay un sentimiento de culpa hacia la comunidad judía. Si es así, me parece justo. El Holocausto fue europeo (el silencio ante el Holocausto, también) el sionismo es producto del pensamiento europeo y la creación de Israel es una jugada Europea. Con motivos geoestratégicos, sí, pero también sociales: por fin el viejo continente se libró de los y las judías. Por fin logramos meterlos bajo la alfombra. Los y las palestinas están pagando por las miserias de Europa.
Hasta aquí, todo va bien. Ahora traigo las malas noticias: el judaísmo y el sionismo son dos cosas distintas. Sí. Incluso todxs lxs israelíes no son iguales, y no todos son sionistas. También. De tanto repetirlo llega un momento que parece que aquí nadie es culpable de nada, todo el mundo quiere la paz pero, inexplicablemente, la paz no llega.
Os dejo la explicación: el 84% de lxs judíos de Israel apoyan el ataque contra Gaza.
Es fantástico que haya disidencias (ese 12%), pero esas disidencias no hacen un país. Por mal que nos sepa no poder reconfortarnos en esa imagen tan fantástica de un Israel superviviente, renacido de entre las cenizas del horror, que no se cansan de intentarnos vender y que no nos cansamos de intentar comprar, a pesar de todas las evidencias.





