El periodismo como forma de vida

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Entrevistas, Gervasio Sánchez

Entrevista Gervasio Sanchez

Le interesan los supervivientes más que los muertos, los dramas que comienzan cuando las trincheras se cierran y la vida necesita hallar modos de seguir adelante. El nombre de Gervasio Sánchez, Premio Nacional de Fotografía, suele ir acompañado de adjetivos como sincero, honesto, riguroso y, sobre todo, comprometido. Un calificativo que  él rechaza por entender que va, necesariamente, incluido en su profesión: la de periodista fascinado, a pesar de todo, por el ser humano. Sus trabajos fotográficos en Sarajevo, Irak Angola, Camboya Ruanda, Somalia, Sierra Leona o Afganistán configuran un mapa del dolor, y de la vida, en el “civilizado” siglo XXI.

¿Por qué escogiste fotografiar conflictos?
Yo siempre he querido viajar, desde muy niño. De hecho empecé a hacer una colección de sellos cuando era muy, muy pequeño. Mi abuelo era cartero de un pueblo de Tarragona donde llegaban muchos turistas y una de mis ilusiones era  pedirles los sellos o, directamente, robarlos de las cartas. Así que pensé que ser periodista o piloto de avión eran los caminos más rápidos para viajar.
Así se explica que viajes, pero no que vayas a países en conflicto…
Mi interés por las guerras es consecuencia de una curiosidad por conocer las cosas de primera mano. Por ejemplo, cuando formaba parte de Amnistía Internacional, a los 22 o 23 años, me encargaron hacer unos resúmenes sobre Guatemala y la guerra civil de El Salvador. En cuanto pude, me fui a esos sitios a comprobar si lo que había leído era verdad. En el tema de las minas antipersona, que llevo tantos años fotografiando, fue una revista del corazón la que, en 1995, me pidió un reportaje sobre mutilados y me permitió escoger el país, que fue Angola. A partir de esa historia empecé a viajar a países que tenía muchas ganas de conocer y donde le impacto de las minas era bastante duro, como Afganistán, Camboya, Angola o Mozambique.
Tus fotografías no enfocan las trincheras, sino los cínicamente llamados “daños colaterales”. 
Sí, porque llegado un momento me di cuenta de que es más importante enseñar a los vivos y los supervivientes que a los muertos. Los muertos son un problema menor en la guerra: haces un agujero, los metes y se acabó. Pero, ¿qué haces con los heridos, los mutilados, los ciegos, la gente tirada en una ciudad sin agua, sin luz, sin leña, bajo temperaturas terribles?
¿Qué relación tienes con el ser humano después de haber visto toda esta destrucción?
Cuando uno ve lo que pasa en una guerra y ve a los seres humanos actuar de una forma tan brutal, cuando ves que gente normal y corriente se convierte en criminal y asesina, y sabes claramente que si mañana ocurriese algo parecido en tu país nos volveríamos todos unos criminales y unos asesinos… pues pensar con fe en el ser humano sería incluso contradictorio. Pero en la guerra también encuentras lo mejor de las personas, a gente valiente, heroica, capaz de jugarse la vida por salvar a otros, gente que no mata y que a veces muere por no haber matado. Aunque hay un desequilibrio, no creas, porque el ser humano mata más que salva. Por mucho que quieran contarnos las crónicas bonitas en los telediarios, cuando todo se desmorona el ser humano se dedicar a matar, a matar con pasión y sin contemplaciones. Visto todo esto, uno tiene dificultades para creer que el ser humano sirva para algo que no sea matar.
¿Todas las guerras tienen factores comunes?
El mundo vive en guerra desde siempre, entre otras cosas porque la guerra es un gran negocio que enriquece a los gobiernos y permite conseguir las materias primas a bajo precio porque se corrompen gobiernos y se arman guerrillas. Los países más importantes del mundo en venta de armas son los que van por ahí dándoselas de demócratas, entre ellos España, que es la sexta potencia del mundo en este negocio. En Europa ya no hay guerras, pero las guerras se hacen desde aquí. Son las grandes petroleras europeas, incluidas las españolas, las que hacen negocios en los países en conflicto: los diamantes de sangre se venden en Occidente, aquí se compra el coltán para los teléfonos móviles y por eso puede haber hasta millones de muertos, como ha sucedido en el Congo. En España, ni siquiera los partidos minoritarios se atreven a sacar el tema de la armas en el Parlamento porque creen que no influye en la opinión publica, creen que la gente le da la espalda al dolor ajeno… Y tienen ciertamente razón. Vender armas es un negocio que genera puestos de trabajo industriales y hay gente que se conforma con ese pragmatismo
¿Cómo regresas del dolor?
Ése es uno de los grandes problemas, volver de una situación de guerra a una situación normalizada. Cuando vuelves de un viaje complicado vienes con un saco anímico muy cargado de dramas, estás embrutecido, encabronado y tienes problemas para regresar a esta sociedad del divertimento, ombliguista, pasiva y tan poco autocrítica, donde apenas hay algo que no sea consumo y mediocridad. Es complicado, muy complicado.
Tú eres reincidente, con los años vuelves a los sitios que fotografiaste en pleno conflicto…
Eso sirve para equilibrarme. Por ejemplo, en Guatemala, a la vez que fotografiaba la guerra y la gente degollada, me iba a ver las ruinas de Tikal. En Camboya, veía los mutilados por las minas y visitaba Angkor. En Perú, un día veía situaciones durísimas y al siguiente me iba a ver Machu Picchu. En vacaciones viajo con mi mujer a países que he conocido muy bien durante la guerra y que quiero conocer también en su belleza.
¿Sirve de algo hacer fotos?
Vamos a ver, tengo cincuenta años y llevo treinta trabajando, la virginidad, hace mucho que la perdí. Ya he dejado de soñar que el periodismo puede cambiar las cosas. Pero creo que la fotografía sigue siendo un arma por una razón poderosa: no necesita traducción simultánea. En un mundo globalizado de imágenes, una historia bien construida puede ser entendida por cualquier persona. La fotografía sigue siendo el baluarte para poder iniciar campañas de denuncia, para mostrar otro mundo.
La frase
“Me molesta mucho lo de periodista comprometido. Me molesta mucho lo de colocar adjetivos casi mediáticos al lado de una profesión en la que yo creo tanto. El periodismo es esencialmente compromiso; esta profesión tiene tanta importancia social como la educación o la sanidad. Sin buen periodismo una sociedad se puede considerar fracasada, se vuelve fácilmente manipulable, que es lo que está sucediendo ahora mismo en España. Yo creo en el periodismo de verdad, con mayúsculas, a pesar de los golpes bajos que me da el propio periodismo”.

Creative Commons License
Este trabajo de Brigitte Vasallo tiene licencia de 
Creative Commons Attribution-Noncommercial 3.0 Spain License.

Fue publicado originariamente en el número 29 de la revista Lonely Planet Magazine

Share

Tags: , ,

Trackback from your site.

Leave a comment

Connect with Facebook