El #Holocausto aquí y ahora
En el Día Internacional de las Víctimas del Holocausto no se me ocurre otra cosa que abrir el libro del gran Primo Levy, Si esto es un hombre, y releer algunos de los párrafos subrayados en las sucesivas, emocionadas lecturas de este libro tan necesario.
Primo Levy, recordemos, superviviente de Auschwitz, escribió una trilogía absolutamente magistral sobre el mal, sobre el dolor, sobre la vida, sobre el ser humano. Y es terrible leerla y releerla, porque Levy no habla de Auschwitz, sino de Auschwitz como metáfora de lo que somos. De todos y todas nosotras.
“En la historia y en la vida, parece a veces discernirse una ley feroz que reza: “A quien tiene, le será dado; a quien no tiene, le será quitado“. En el Lager, donde el hombre está solo y la lucha por la vida se reduce a su mecanismo primordial, esta ley inicua está abiertamente en vigor, es reconocida por todos. Con los adaptados, con los individuos fuertes y astutos, los mismos jefes mantienen con gusto relaciones, a veces casi de camaradas, porque tal vez esperan obtener más tarde alguna utilidad. Pero a los hombres que se desmoronan, no vale la pena dirigirles la palabra, porque ya se sabe que se lamentarán y contarán lo que comían en su casa. Vale menos aún la pena hacerse amigo suyo, porque no tienen en el campo amistades ilustres, no comen nunca raciones extra, no trabajan en Kommandos ventajosos y no conocen ningún modo secreto de organizarse. Y, finalmente, se sabe que están aquí de paso y que dentro de unas semanas no quedará de ellos más que un puñado de cenizas en cualquier campo no lejano y, en un registro, un número de matrícula vencido. Aunque englobados y arrastrados sin descanso por la muchedumbre innnumerable de sus semejantes, sufren y se arrastran en una opaca soledad íntima, y en soledad mueren y desaparecen, sin dejar rastros en la memoria de nadie”.
No es Auschwitz: esto es nuestro mundo. Este lugar salvaje y difícilmente habitable que escupe a aquellos que no tienen carisma, belleza reglada, dinero, glamour. Un mundo donde no caben los cojos y las tuertas, los viejos ni las gordas, los tímidos, las aburridas, los solitarios, las patosas. Donde se admira a los corruptos engominados y se desprecia a las familias desahuciadas. Un mundo de ganadores y perdedores, como si la vida fuese un parchís.
Primo Levy sobrevivió a Auschwitz pero nunca logró liberarse del campo, de su espectro. La Segunda Guerra Mundial concluyó, pero seguimos sufriendo sus consecuencias. El campo como metáfora del mundo: no hay escapatoria para este parchís mientras sigamos consintiendo en jugarlo. No hay manera de ganar la partida. La única forma es coger el tablero de una vez, y negarnos a jugarlo.








