Posts Tagged ‘Monica Bernabe’

El 11-S en Afganistán

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Asia Central, Lugares

afganistan 11 s

(c) Mònica Bernabé

El fotoperiodista Gervasio Sánchez se ha ido a conmemorar el 11-S a Afganistán, como tiene que ser. Allí, entiendo que acompañado por la también periodista Mònica Bernabé, se ha dedicado a enseñar a algunos afganos una foto de las Torres Gemelas explotando, a ver qué reacciones tenían. Todxs sabemos que precisamente ese momento tuvo una repercusión directa tanto en Afganistán como en Irak, pues se aprovechó para iniciar una ofensiva militar contra ambos países.

Réquiem por Afganistán (hagamos memoria)

Written by Brigitte Vasallo. Posted in Asia Central, Lugares

Este artículo de Mònica Bernabé aparecía en El Mundo a finales de 2009. En septiembre de 2010 se vuelven a celebrar elecciones en Afganistán y la situación sigue siendo la misma.
El Mundo, 11 de noviembre de 2009.
chica pintando

Una joven dibuja la cárcel donde quiere ver al asesino de su padre. © Mònica Bernabé

Las elecciones presidenciales del 20 de agosto en Afganistán pasarán a la historia por esta fotografía: Hamid Karzai aparece ante los medios de comunicación, un día después de haber sido proclamado presidente para cinco años más, acompañado por dos de los más destacados señores de la guerra del país: el tayiko Mohammad Qasim Fahim (a la izquierda del presidente), acusado de dirigir la campaña militar que arrasó el barrio kabulí de Afshar en febrero de 1993, en la que murieron decenas de civiles inocentes, y otros tantos fueron sometidos a trabajos forzados y trato denigrante. Y el hazara Karim Jalili (el de la derecha), que por la misma época llevó a cabo detenciones arbitrarias de civiles por razones étnicas.

Volar en Afganistán

Written by Brigitte Vasallo. Posted in General

avion afganistanEn un país como Afganistán donde la seguridad cada vez va a peor, y en las carreteras a uno le pueden secuestrar, asaltar o, directamente matar con un artefacto explosivo, volar se ha puesto de moda para los bolsillos -muy pocos- que se lo pueden permitir. Así, se ha pasado de la época talibán en la que no se podía ir en avión a casi ninguna parte, -pues la ONU prohibió los vuelos comerciales a Afganistán, como sanción al régimen fundamentalista que daba asilo al terrorista Osama Ben Laden- a que en la actualidad haya hasta cuatro empresas aéreas genuinamente afganas: Safi Airways, Kam Air, Pamir Airways, y Ariana Afghan Airlines. Todas operan sobre todo en el interior del país, aunque también realizan algún trayecto internacional.

La última empresa en aparecer ha sido Safi Airways, con oficinas centrales en Dubai, y con la que los extranjeros siempre intentan volar, pues es la que, de largo, parece más profesional y segura. Kam Air también se ha ganado una buena clientela pues, hasta el nacimiento de Safi Airways, era la más fiable, a pesar de que en el año 2005 uno de sus aviones se estrelló a escasos kilómetros de Kabul, la capital afgana, durante una intensa nevada. Murieron 104 personas.

Pamir Airways se presenta en su página web como la primera empresa privada de Afganistán que obtuvo el certificado para volar del Ministerio de Aviación afgano, así como una de las que más peregrinos ha trasladado a la Meca. A la práctica, sin embargo, se caracteriza por ser la compañía aérea que más vuelos cancela sin avisar a sus pasajeros, y por sus aviones de aspecto cochambroso. En el último que tomé -un ‘chárter’ de Kabul hasta a Qala-e-Now, en el noroeste del país- no funcionaba la cisterna del inodoro, y una botella de plástico de litro y medio con agua presidía el lavamanos para quien tuviera la decencia de utilizarla.

No obstante, la empresa que sin duda se lleva la palma es Ariana Afghan Airlines, que nació en 1955 como la primera aerolínea pública de Afganistán. A pesar de que en los últimos años ha mejorado mucho -en el 2004 me quedé en tierra en Kabul a causa de un ‘overbooking’ de cuarenta personas-, continúa formando parte de la lista de compañías aéreas prohibidas por la Comisión Europea. Una servidora la intenta evitar siempre que puede, pero a veces no te queda más remedio que volar con ella. En sus aviones es posible cualquier cosa.

Semanas atrás los pasajeros de un vuelo Herat-Kabul de Ariana Afghan Airlines compartieron el trayecto con un moribundo que, estirado en una camilla sobre el suelo, ocupaba parte del pasillo del avión, mientras otro hombre le practicaba respiración asistida con un ventilador manual. La imagen resultaba perturbadora. El moribundo, con heridas de metralla en la cara, yacía inconsciente, con los ojos cerrados.

Sin embargo, lo que trastornó realmente al pasaje no fue tanto el herido como el aterrizaje. El avión se tambaleó de un lado para otro, subió y bajó varias veces, y voló totalmente inclinado durante un buen rato. “¡Por favor, una bolsa de plástico!”, clamó finalmente un viajero ante la imposibilidad de aguantar más el vómito. Tras él, se añadieron otros. Tantos, que los azafatos se pusieron a repartir bolsas como antes habían distribuido refrescos. El avión tocó al fin tierra, pero para entonces el estómago de los viajeros también estaba por los suelos, y sus nervios, altamente crispados. Los intentos posteriores de la tripulación para aplacar los ánimos ya no dieron resultado.

Cuando los altavoces aún decían “bienvenidos al aeropuerto internacional de Kabul, mantengan su cinturón de seguridad abrochado”, la mitad de los pasajeros ya estaban de pie, con las bolsas en ristre, y preparados para salir zumbando. “Por favor, siéntense. Aún no hemos llegado”, se esforzaban a repetir los azafatos, sin que nadie les hiciera caso. Hasta que al final, como era de prever, se llegó a las manos. “¡Hemos dicho que se sienten y usted se va a sentar! ¡De aquí no sale nadie!”, mascullaba un miembro de la tripulación, mientras forcejeaba con un viajero para que se metiera de nuevo en el asiento. Tampoco faltó algún sopapo.

En otros vuelos he visto con mis propios ojos cómo, cuando el avión ya está a baja altura, los pasajeros llaman por teléfono a sus familiares para avisarles de que ya están llegando, sin preocuparles que los móviles se deben mantener apagados. O azafatos que, cuando entras en el avión, te obligan a sentarte en cualquier lugar, sin hacer caso al asiento que te han asignado en la tarjeta de embarque. Y después eso ocasiona discusiones entre los viajeros porque la distribución de los asientos se ha convertido en un auténtico caos. Un afgano me explicaba que un día vio cómo un compatriota suyo que esperaba en el aeropuerto de Dubai para volar a Kabul, recorrió media sala de embarque para encontrar una papelera donde tirar una botella de agua vacía. Cuando llegó a Kabul, el mismo compatriota no le importó tirar al suelo el envoltorio de un paquete de galletas, a pesar de tener una papelera al lado. Es el resultado de que Afganistán continúe siendo un país sin un Estado de derecho, donde las normas parece que estén para no cumplirlas. La mayoría de los policías no saben leer ni escribir, sólo el 11,6% de los jueces son licenciados en Derecho -según un estudio de la ONU-, y en todo caso a ambos se les puede comprar con dinero.

©  Mònica Bernabé. Todos los derechos reservados.

Publicado en El Mundo, el 2 de abril de 2009.