Entramos a Bosnia-Herzegovina por la frontera de Slavonski Brod, desde el noreste de Croacia. A diferencia del año pasado, cuando entramos en el país a través de la ruta que conduce a Bihac, en la República Bosnia-Herzegovina, esta vez nos metemos de lleno en la República Srpska, la parte serbia de República Bosnia Herzegovina. Vamos a cruzarla de norte a sur hasta llegar a Sarajevo, en un coche de matrícula española conducido por un croata.
En la frontera, la policía nos da el alto y nos lleva aparte, probablemente más por la matrícula extranjera que por el pasaporte croata. En cualquier caso, nos revisan de arriba abajo, nos piden todos los papeles y finalmente deciden que nuestro coche no tiene permiso de circulación internacional, lo cual no deja de sorprendernos: hemos cruzado una decena de fronteras -no todas de la UE- con el mismo coche y la misma documentación, y nadie había echado nada en falta hasta ahora. Ni siquiera tuvimos dificultad alguna el año anterior, en la otra frontera del mismo país. Después de media hora de negociaciones, los policías nos confirman lo que ya habíamos adivinado: que ofreciendo un pequeño donativo nuestra documentación será vista con mejores ojos.
Así que, con 20 euros menos y un cabreo más, logramos seguir la ruta.