No-monogamias

Romper la monogamia como apuesta política

El triángulo amoroso que forman la monogamia, la fidelidad y el amor romántico usa términos del capital para definirse. Y las palabras, lo sabemos, no son inocentes. Si nuestro impulso romántico busca la media naranja, una vez que logramos ser naranjas completas la otra persona nos pertenece. O, al menos, pertenece a ese cítrico redondamente perfecto que formamos como dúo. Así, como propiedad, si nuestra “mitad” tiene relaciones sexuales o afectivas con otras personas nos está quitando algo que nos pertenece, está disminuyendo nuestra parte de ser. Compartir el amor es, sin duda, el infierno. Pero, en realidad, el amor no se comparte. No es como alquilarle una habitación en tu casa a alguien, o como dejarle la ropa a tus hermanos, o como viajar en un mismo coche para pagar a medias la gasolina.

Breaking up with monogamy: a political project

To question l’amour, to attempt to imagine models that deconstruct the obligation to monogamy so as to convert it into a personal choice among many possible choices, is not to question love. In fact it is the opposite, it is to attempt to understand Love, with a capital L, beyond its constructs, love in lower case. It is to keep on love’s side, beyond the happy endings and the happily-ever-afters.

#OccupyLove: por una revolución de los afectos

En una época especialmente intensa en reivindicaciones, resistencias, disidencias y debates, también la monogamia se está poniendo sobre la mesa. Aunque parezca un mal menor cuando nos estamos enfrentando al mismísimo Mal en mayúsculas –al capitalismo salvaje, a la precarización última de las vidas, a la destrucción del planeta, al auge del fascismo–, el sistema monógamo es una extraordinaria herramienta de control social que secuestra nuestra sexualidad y nuestros afectos y determina la manera en que construimos esos nuevos mundos a los que aspiramos. Y los construimos infectados con el germen mismo de las estructuras que queremos combatir.

Sobre la monogamia

Repensar el sistema monógamo y sus “verdades” es desnaturalizar todo eso que llamamos amor y que damos por hecho que solo puede ser así para ser amor-de-verdad

Poliamor y redes afectivas: ¿reforma o revolución?

A medida que vamos creciendo como colectivo, aparece una cuestión de fondo: ¿Hasta dónde llega nuestro pensamiento crítico amoroso? ¿Hasta dónde llega el poder transformador de nuestra propuesta, eso que insistimos en llamar política?

El poliamor es “the new black”

Es naíf pensar que la inmensa trama del sistema monógamo se soluciona teniendo más de una relación. Y es violencia coaccionar a los y las demás para que se “liberen” de todo este armazón con argumentos que refieren a los grandes discursos, pero que no contemplan los dolores ni las dificultades

En el amor como en la guerra

Cuando utilizamos el esquema ganar-perder de manera sistemática, estamos en un paisaje de violencia en el que una de las partes tiene que renunciar a sus peticiones, necesidades y deseos para que el conflicto se resuelva y la relación siga adelante.

Abrir amores, ¿cerrar fronteras?

Vivimos en un sistema que nos dice que la llegada de “la otra” nunca es una buena noticia, que la otra no tiene derecho a estar. El pensamiento monógamo y la xenofobia comparten el pánico ante la alteridad.

Islamofobia e islamofobia de género

Burkas en el ojo ajeno: el feminismo como exclusión

Un conductor de autobús negó la entrada a una mujer y a su bebé porque ésta vestía un niqab. Este hecho se enmarca en un contexto de islamofobia de género en el que se atrae a sectores críticos, como es el feminismo, a través de una estrategia que podríamos denominar ‘purplewashing’: la utilización de los derechos de las mujeres para justificar la xenofobia.

Islamofobia de barra de bar. En respuesta a Rafael Reig

Con todo esto, me pides que, por el bien de las mujeres, recapacite sobre mi actitud respecto a la islamofobia. Por el bien de las mujeres. Te contesto lo que le dijo “mi madre” Sojourner Truth a otro hombrecito osado como tú, hace ya un par de siglos. “¿Y acaso yo no soy una mujer?”

Islamofobia…¿y qué?

Desde que la palabra ‘islamofobia’ se ha puesto sobre la mesa, la incorrección política ha salido a defender su espacio en el debate, arrasando entre lo peorcito de cada casa. Desde las esferas más fascistas del entorno neoliberal, hasta las más neoliberales del entorno libertario, parece gracioso soltar ya no sólo el clásico “no soy islamófobo, pero…”, sino incluso el “soy islamófobo, ¿y qué?”.

Carta abierta a Femen: descolonicemos el feminismo

La imagen de dos activistas francesas en Rabat, en la tumba del héroe de la descolonización, enarbolando un lema de inspiración estadounidense, fija en la opinión pública marroquí la idea de que las reivindicaciones LGTBI son una amenaza ligada a las potencias coloniales. Ni una sola palabra sobre los colectivos locales, cuyo trabajo se ha visto comprometido por una acción arrogante y etnocéntrica.

Nunca más en nuestro nombre

Tras el atentado de Charlie Hedbo tenemos la oportunidad de demostrar que hemos entendido algo de nuestra historia reciente. Infinidad de asociaciones y personas musulmanas se han posicionado ante el terror sin dilaciones. Los terroristas no las representan. No en su nombre. Es el momento crucial de que el resto de la ciudadanía, las que no somos musulmanas, las que decimos defender las libertades, la vida, la alegría, el derecho a estar, a ser, a construir, lo digamos también bien alto: la islamofobia tampoco será en nuestro nombre.

Vienen a violar a nuestras mujeres 

Los medios de comunicación se han volcado en informar sobre una “ola” de violaciones en Colonia, Alemania. ¿Qué tiene este caso de especial? ¿Alzamos ya las copas para celebrar que ¡por fin! los medios dan la importancia que merece a las agresiones en entornos de fiesta? ¿Que por fin la violencia sexual es una cuestión de Estado? ¿O estamos ante un caso típico de ‘purplewashing’, donde las luchas de las mujeres se utilizan para criminalizar a segmentos de la población y aplicar políticas racistas?

Vénen a violar les nostres dones

Els mitjans de comunicació s’han bolcat a informar sobre una “onada” de violacions a Colònia, Alemanya. Què té aquest cas d’especial? Alcem ja les copes per celebrar que per fi! Els mitjans donen la importància que mereix a les agressions en entorns de festa? Que per fi la violència sexual és una qüestió d’Estat? O estem davant un cas típic de ‘purplewashing’, on les lluites de les dones s’utilitzen per criminalitzar a segments de la població i aplicar polítiques racistes?

La banalidad del racismo y del seximo

Cuando escribo estas líneas llevo 96 horas sometida a un acoso implacable en las redes sociales por haber escrito aquel artículo. He recibido, literalmente, centenares de mensajes llenos de insultos y amenazas por parte de aquellos que dicen estar escandalizados ante la violencia machista acaecida en Colonia. Insultos sexistas que incluyen lesbofobia encarnizada, amenazas de arrancarme la cabeza, de pegarme patadas en la boca, de tirarme a las alcantarillas, que me llaman cerda, guarra, bollera reprimida, nazi, gilipollas, merma, follamoros, rata sidosa y un sinfín de barbaridades más. Pero los más preocupantes…

Mesquites, sí

Des dels feminismes, els moviments per l’alliberament LGTBI o la lluita de classes coneixem bé la qüestió i sabem que reivindicar els drets de les minories troba resistència d’aquells sectors que anomenem “conservadors”. Però, què està succeint quan els grups que lluitem per les llibertats també sintonitzem amb el rebuig als centres de culte musulmà, o dubtem a posicionar-nos, clarament, amb un rotund “mesquita, sí”?

La islamofobia de género como violencia machista

A partir de estas premisas, la violencia ejercida por mujeres desde la construcción de una superioridad racial o “culturalmente racial” hacia mujeres racializadas o “culturalmente racializadas” no es violencia horizontal, porque entre nosotras hay una desigualdad sistémica marcada por las estructuras racistas. Pero tampoco es únicamente violencia racista ya que cuando va dirigida contra mujeres adquiere las formas características del machismo: cuestionamiento del derecho al propio cuerpo, infantilización y cosificación, entre otras muchas.

Con el bañador hemos topado

Una buena parte de los feminismos se han enmarañado en alimentar la serpiente con debates fuera de lugar sobre el mal llamado burkini, en vez de articularse con las compañeras agredidas. ¿Por qué hemos empleado tantas horas en analizar a las agredidas y a sus cuerpos? Voy a intentar explicar por qué el debate forma parte de la agresión misma.

 

Otros temas

Els carrers seran sempre nostres?

Aquests dies a Catalunya no hem viscut un sopar de Nadal, sinó una orgia on vas amb moltes ganes de gresca però quan entres en matèria resulta que tot és masclista, caspós i d’un heterocentrat que et vols morir. I se te’n van les ganes de follar. Però sembla que ets l’única: tothom s’hi fica, i tothom explica l’endemà que va estar a una orgia i va ser lo más.

¿Las calles seran siempre nuestras? (traducción para el diario argentino La Tinta)

La primera vez que salí a la calle a ver la Vía Catalana, (la cadena humana de 400 km el 11 de septiembre de 2013) no vi a un pueblo unido. Sino unificado. Vi un ejército civil vestido de amarillo. Tengo alergia a la uniformidad, lo reconozco.

Las periferias de lo binario 

Me horroriza la patria, cualquiera de ellas. Me disgustan las banderas y detesto, por encima de todo, los límites y las fronteras.

Con tetas no hay paraíso 

“Hemos naturalizado que los hombres tienen pechos y las mujeres, tetas. Que los pechos son neutros y las tetas, sexuales | Los cuerpos trans no están equivocados, no son cuerpos erróneos”, dice Viruta FTM, cantautor

Infancias color de rosa

A mi hijo de 6 años le gustan los trenes, los perritos calientes y el color rosa. Le aburre el fútbol, le apasiona la mecánica y ante la pregunta de si le gustan los niños o las niñas responde tranquilamente que a él le gustan los tranvías.

Cuando esté delgada, seré feliz 

La denuncia de la “gordofobia” agrupa varios proyectos que ponen el acento en la penalización social que reciben los cuerpos considerados excesivos

Conchita Wurst y los peligros del homonacionalismo

En esa Europa de cuento de hadas se sigue entendiendo el género binario como una realidad inapelable. Tan sólo los intentos de escribir textos que huyan del masculino como genérico levanta ampollas de una virulencia impresionante. En el Estado español, que otorgó los famosos 12 puntos a Conchita Wurst, la “policía del género” teje un absurdo entramado desde antes del nacimiento para asegurar que nadie se mueva de su categoría asignada.

¿Quién teme a la sátira lesbofeminista?

El revuelo creado por el ‘Manual de Masturbación Lesbofeminista’ de la Arepa Chora muestra la necesidad de distinguir el humor que desafía al poder del humor opresivo que se ceba con los grupos minorizados. Las provocaciones desde los márgenes nos ofrecen excelentes oportunidades para revisar nuestro lugar en el mundo.

Bukake según San Marx

La historia recogida en ‘Relatos Marranos. Antología’ (Pol·len Edicions)

Si todos somos Messi, ¿quién es el mantero?

Mientras los de los papeles de Panamá y las cajas B gozan de su impunidad, los vendedores ambulantes ingresan en prisión y en los CIE. Movimientos sociales miran a otro lado porque “esto no va de feminismo”, “esto no va de LGTBfobia” o “no va de independencia”

Som Palestina o som Israel?

Entre els catalanismes existeix una predilecció, curiosa si no fos tan desencertada, per comparar Catalunya amb Palestina i, simultàniament, amb Israel, segons el color polític de qui compari o segons ens vagi millor per demostrar de manera contundent la nostra condició de víctimes. Aclarir que tant deplorables em semblen les lectures en termes d’equivalència de les situacions catalana i palestina (bombardejos, expulsió sistèmica de poblacions, demolició de cases, dècades vivint en camps de refugiades, assassinats, etc…) com em repugna l’admiració d’alguns sectors per la “gran fita” israeliana, que definia així l’expresident Mas: “com a Israel, a Catalunya també hi ha un poble decidit a ser lliure”.